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| Precios “pisados” desploman las Reservas hidrocarburíferas |
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| Es necesario poner en foco nuevamente una discusión que parece dilatarse indefinidamente: los mayores precios de gas y petróleo exigidos por las provincias productoras al Ministerio de Planificación Federal no apuntan sólo a lograr mayores ingresos por regalías; tampoco la prioridad absoluta debería ser el sostenimiento de puestos de trabajo, aun con la obvia importancia social de ese sensible renglón. Más bien estos dos objetivos serán consecuencia lógica y necesaria de una meta principal, que muchas veces parece perderse de vista: sin señales claras de precios y, sobre todo, sin un posicionamiento del gobierno nacional que apunte a replantear sus fines energéticos para el corto, mediano y largo plazo, las reservas hidrocarburíferas del país seguirán ahondando su evolución negativa, que lo encamina a perder su autoabastecimiento. |
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Esta semana se desarrolló en Buenos Aires la “24 Conferencia Internacional del Gas”, instancia en la que los principales actores del sector a nivel mundial confluyeron para exponer y analizar el futuro de ese fluido vital para la economía mundial.
Argentina en su rol de país anfitrión exhibe un agobiante panorama, signado por la caída de las reservas hidrocarburíferas.
Un informe del IAE (Instituto Argentino de la Energía “Gral.Mosconi”) reveló en julio último que las reservas comprobadas de hidrocarburos (es decir: petróleo y gas en conjunto) son actualmente un 27 por ciento menores que las de fines de los 80 y un 34 por ciento inferiores a las de 1999.
Según el informe, la no incorporación de reservas pone en riesgo el abastecimiento de energía por parte del país, ya que esto plantea un horizonte en el que cada vez más dependerá de las importaciones de gas y, en una etapa posterior, de petróleo.
Reservas y precios
Un informe de la consultora Ecolatina, dirigida por el ex ministro de Economía Roberto Lavagna, arroja una posible explicación sobre esta debacle. En el trabajo “La oferta de gas en cuello de botella”, asegura que la caída de reservas de gas es atribuible “a la incertidumbre en torno a las reglas de juego y el atraso de los precios internos respecto a los internacionales”. Ese desfase “desestimula la producción local de gas y obliga a cubrir la demanda con mayores importaciones”.
Durante el año 2009, la cantidad de metros cúbicos de gas importados aumentó un 176 por ciento, según el mismo trabajo, al tiempo que vale recordar una de las consecuencias directas de esa compra internacional: el decreto 2067 de noviembre de 2008 estableció un cargo fijo a usuarios industriales y residenciales de la categoría R 3-4 (consumos superiores a 6.852 metros cúbicos anuales), para solventar un fondo fiduciario destinado a cubrir el costo de la importación de gas.
Puede recordarse que el país paga por el gas de Bolivia casi 5 dólares por Millón de BTU, mientras que las referencias para el mercado interno van actualmente desde 50 centavos (para usuarios residenciales) hasta 1,90 dólares para el gas comprado por CAMMESA (abastecedor del mercado mayorista eléctrico) que en algunos meses llegará a 2,60 dólares.
En cualquier caso, todavía el fluido en el país está muy lejos de sus referencias internacionales, de allí que la producción ha declinado, ya que los costos de extracción no justifican un mayor volumen. Como consecuencia de esto, en Neuquén hay miles de puestos de trabajo en riesgo, según viene planteando el sindicato de esa provincia, como una consecuencia económica del desfase de precios.
Hay un concepto asociado a las Reservas que debe también considerarse para entender por qué éstas son bajas pero pueden incrementarse en caso de obtenerse aquella mejora de precios: es la viabilidad económica de la extracción la que define a las reservas como tales, de manera que puedan pasar de una categoría denominada “Probables” o “Posibles” (según se considera a los posibles volúmenes estimados en yacimientos no desarrollados) a “Probadas”, que son tales cuando están en un área ya en producción y con certidumbre en torno a la ecuación económica de su extracción.
En otras palabras, una consecuencia inmediata de una mejora en los precios de referencia para el mercado interno del gas sería el incremento de las Reservas. En ese orden lógico, el mayor incentivo para producir implica un incremento en la demanda de trabajo, recuperándose los puestos laborales que hoy revisten en carácter de “ociosos” y que se mantienen sólo por subsidios de corta proyección en el tiempo.
En el marco de una estrategia energética con diferentes plazos de acuerdo a las necesidades urge cubrir, el país debería resolver cómo diversificar su matriz energética, que hoy depende en un 52 por ciento de la producción de gas y en otro 30 por ciento del petróleo.
El informe de Ecolatina añade otros datos a tener cuenta:
“Más allá de los planes de estímulo (los programas 'Gas Plus' y 'Petróleo Plus', por ejemplo), no hubo un repunte de la inversión en exploración y extracción. Las restricciones al alza de los precios al productor y la estructura de derechos de exportación para los productos del sector disociaron los precios internos de los internacionales”.
Otro dato del diagnóstico: la cantidad de pozos exploratorios ha caído desde un promedio de 117 perforaciones por año, en la década de los 80, a 87 en la etapa de la convertibilidad y a 52 pozos por año en la presente década.
En este punto hay otro reflejo claro de las decisiones que el país en su momento adoptó, con consensos de grandes sectores de una sociedad que hoy observa las consecuencias de aquellos caminos adoptados: la mayor exploración era realizada en tiempos de la YPF estatal, mientras que durante la desregulación energética, el objetivo de maximizar ganancias redujo aquellas inversiones de riesgo.
Un vecino que hoy está “de moda”, como Brasil, se ha convertido en potencia mundial petrolera a partir de una política diferente, al retener el control estatal de su principal empresa petrolera, a la que incorporó sin embargo capital privado y transformó en un gigante del mercado.
Cuando el remedio es enfermedad
En la presente década, el gobierno nacional apuntó a subsidiar las tarifas manteniendo pisados los precios de los productos energéticos. Al salir de la convertibilidad y afrontar la devaluación, fue una medida de emergencia necesaria para no impactar aún más la deprimida economía argentina.
Sin embargo, al mantenerse indefinidamente en el tiempo, el remedio amenaza con efectos peores a los de la enfermedad, porque la rigidez del congelamiento tarifario y el alto régimen de retenciones sobre exportación de crudo están provocando un impacto inverso: de seguir por este camino, el país terminaría pagando precios de gas y de naftas en base a las referencias internacionales, lo que implicaría profundizar las inequidades de desarrollo que ya afectan a grandes regiones del país.
Por último, vale recordar un argumento expuesto en la última reunión técnica entre la OFEPHI y el Ministerio de Planificación Federal: si las retenciones se crearon para evitar aumentos en los combustibles, el incremento promedio de un 14 por ciento en dólares que reflejaron los surtidores desde entonces muestra que el mecanismo no fue del todo eficaz. |
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