La UCR, en busca de protagonismo en las elecciones 2011
El radicalismo se atrevió a modificar su Carta Orgánica en puntos clave y casi no hubo debate: un verdadero logro para una estructura expectante de lo que Mario Cimadevilla pueda tejer como senador. A esta altura, el partido deberá pensar en jerarquizar a nuevas figuras si quiere recuperar el espacio perdido. Por ahora los acuerdos internos son mínimos y el desafío es expandir las coincidencias pensando en 2011.
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El radicalismo deberá mirar hacia adentro y jerarquizar a quienes obtuvieron los mejores resultados electorales en los últimos años, un listado que no incluye al propio Cimadevilla.
A esta altura del partido no es tan difícil entender por qué Mario Cimadevilla conserva la batuta de la Unión Cívica Radical: buena parte de las bases y de la juventud opositora lo cuestionan -en secreto o a viva voz- pero a la hora de los bifes son incapaces de estructurar lo que reclaman. O sea, consensos internos mínimos que abran la puerta de las alternativas a la dirigencia tradicional y construyan poder en derredor de alguna figura renovadora.
La última Convención Provincial del principal partido de oposición –un sayo que quema en las manos de Proyección Vecinal del Chubut- mostró mucho de este escenario. Es que se discutió un tema clave para las batallas que vienen: elevar las exigencias para los precandidatos.
Esta idea fue craneada por el senador, que la rumia desde que debió ceder a un par de internas cuasiabstractas. En rigor, el "segundo Mario" está harto de movilizar urnas, remises y gente obligado por postulantes de trasnoche.
No es un adjetivo de su propiedad: los conocedores del ámbito radical saben que al presidente partidario no le falta razón cuando en privado acusa a esos afiliados de falta de solidez para pretender algo más que su ficha de pertenencia. Un improvisado con ganas podía juntar 20 firmas en una ronda de mate, y esa planilla sería suficiente para que las urnas no estén guardadas.

No hubo asado, charla de pasillo o mesa de café en la que esta iniciativa no se criticara. Desde la urna 3003, Cimadevilla no es lo que se dice un referente de lo impoluto. Por eso sus movimientos siempre merecen doble lectura. Muchos radicales interpretaron que pedir más avales para presentar listas era lisa y llanamente convertir en un ojo de aguja la chance de ser precandidato e inmovilizar la vida interna del partido por el desánimo de tanta exigencia. Y que las cifras que se pedían para arrancar una candidatura en muchos casos eran igual al total de votos de las internas locales. Casi un partido de élites. Otros, en cambio, leyeron que el mayor apoyo de los afiliados para una figura era directamente proporcional a la fortaleza de los aspirantes, y que la destilación final daría nombres con espalda para enfrentar a un oficialismo agrietado.
Pero quedó dicho: hace años que los rezongones radicales de bajo perfil no acuerdan entre ellos. Una breve reunión de mañana de sábado cerró el texto final y los convencionales avalaron la propuesta oficial sin tanto grito de por medio. Sólo el comité de Puerto Madryn puso una piedra en el camino ¿Por desacuerdo? No, para pedir que el piso de avales no sea del 2 por ciento del padrón de afiliados sino de 3, un número que sí ya sonó excesivo. La elección interna de 2010 dirá si el cambio en la Carta Orgánica será un impedimento o, en cambio, un estímulo para que los radicales pateen los barrios como hace tanto no hacen, refugiados como están varios de ellos.

Hubo dos fantasmas de personas vivas sentados en la Convención: Rafael Cambareri y Horacio Luppino, futuros miembros de Petrominera SE y del Banco del Chubut SA. Acusados con eufemismos varios de irse al dasnevismo por plata, el pedido de expulsarlos no prosperó. Es más: para no trocarlos en mártires a futuro, Cimadevilla siempre prefirió ver esas idas como decisiones puramente individuales que ni se debían discutir. Pese a los discursos panfletarios y puristas que se oyeron de parte de varios parientes cercanos de Leandro N. Alem, apenas se agregó en la Carta la chance de desafiliar automáticamente a quienes acepten cargos oficiales sin autorización partidaria. Señal política, pura cosmética o practicidad, ya que llegado el caso el tradicional Tribunal de Disciplina bien puede decidir eso, o cosas peores. Preguntar sino por los 6 ex diputados provinciales que apoyaron la renegociación petrolera con Pan American Energy, que acumulan notas colectivas e individuales sin respuesta ante Gerardo Morales.
En la Convención se percibió que los “traidores” ya tienen una condena moral de los afiliados que por ahora debe bastar. Enfrascarse en medir qué palo les pega mejor es tarea menor cuando por primera vez el Gobierno muestra flancos. Cimadevilla lo suele explicar para Doña Rosa: “De acuerdo al c... son los azotes”.
El discurso del senador fue medido y no superó los 10 minutos, todo un síntoma para quienes lo oyen seguido. Hay que decir que no tiene muchos rivales en habilidad discursiva. Por eso también le faltan para disputar el poder interno. Insistió en la necesidad de una “nueva convivencia”, un latiguillo de campaña que demuestra sus ganas de aliarse, primero, con lo más radical del ARI, una estrategia que fracasó en su primera intentona. Luego, con los sectores sociales, empresariales y gremiales que piensen más o menos igual que la UCR. Puede que perciba que por sí sólo y sin ríos que lo alimenten, su partido aún no puede pelear de igual a igual.
Y aunque el sector Militancia y Compromiso no estuvo en la Convención –sólo Gustavo Di Benedetto escuchó solitario y en persona algunos argumentos-, Cimadevilla no excluye a nadie y por el contrario, los convoca necesariamente para lo que viene.

Este pensamiento se engancha con las que bautizó “balaceras del oficialismo”, esos desbordes de la Unión Obrera de la Construcción, conflictos que rozan la financiación espúrea de la política chubutense. Cimadevilla no duda de que tales enfrentamientos son la interna peronista traducida, por ahora, en cúpulas sindicales. Y que esa violencia cae mal en el votante. Un conflicto gravísimo del que, por esta vez, nadie podrá acusar a la oposición y en cambio trae todo el aroma de un oficialismo enrarecido, desgastado o ambas cosas.
Hasta se dio el lujo de capitalizar las turbulencias que generó el Nuevo Espacio Peronista. Con buen ojo, hizo propios los argumentos de Norberto Yauhar, Néstor Di Pierro, Carlos Eliceche & Cía. Algo habrá que concederle: la falta de diálogo, el autoritarismo, el agotamiento de un modelo y la incapacidad del entorno son dardos que Cimadevilla repite como letanía desde 2004, y que el grupo disidente ya incorporó como propios, expulsados del paraíso de Fontana 50. Este radical y esos justicialistas hasta se acercan en compartir el principio de que, claro, el peronismo no es indeseable por sí mismo, sino que el problema ya es el dasnevismo puro y duro.
En la Convención se oyó que el gran tema que el radicalismo alimenta pensando en las nuevas generaciones de votantes es el uso y presunto abuso de los recursos naturales. Pero es un gran título del que poco puede decirse. Es que todavía no hay una posición unívoca sino apenas un rechazo genérico de la mega minería -¿hay mini minería?-; como sea, el plebiscito de Esquel es la vaca que los hace llorar y nadie quiere dar un paso en falso ni adelantarse. Por eso apenas insisten en cuestionar aquella “entrega” a PAE, una melodía que ya suena vieja según admiten a los oídos de cronistas discretos.
No hay certeza de que los oídos de los sectores progresistas de Chubut acuerden con clausurar la minería sólo por la mala fama del cianuro y sin fundamentos didácticos.
Por estas horas Cimadevilla ya prueba el sillón de senador. Tiene dos destinos: uno es imitar la pobreza legislativa de Norberto Massoni, que jamás construyó poder ni se acercó al que ya existía; otro es replicar la estrategia del otro Mario, que tejió una red primaria de contactos nacionales que le sirvieron para acumular agenda y pensar en una estrategia 2011. También le haría bien que la UCR de Morales defina un rumbo como para no predicar en el desierto. Si ambas cosas sucedieran sería un buen punto de partida para tener alguna chance electoral.

El mapa de medios hará difícil que sea protagonista diario, por eso deberá aprovechar los resquicios para filtrar propuestas que generen magnetismo, como supo hacerlo Das Neves cuando tuvo viento en contra. Por lo pronto, la Convención no estuvo hecha de reproches mutuos y, por el contrario, las negociaciones previas funcionaron bastante bien, sin traiciones de última hora. Es muchísimo capital para un partido vapuleado pero poquísimo para creer que serán gobierno mañana.
Quizás sin quererlo el senador se convirtió en el referente exclusivo del radicalismo, entre un dirigente sin sal como José Luis Lizurume, un vapuleado Carlos Maestro y el propio Di Benedetto, que nunca dio el salto de calidad.
Apenas podría aprovechar para solidificar el frente interno buenos elementos como el intendente de Rada Tilly, Pedro Peralta. De perfil moderado, puede ser crítico sin estridencias como lo demuestra en cada Convención, además de contar en su haber con victorias electorales en los comicios de 2003 y 2007, cuando la UCR no hacía más que avanzar hacia atrás.
O a la propia juventud radical, que al menos en el Valle sobrevive a fuerza de bombo y remera roja. Si el horizonte es 2011, la UCR deberá pensar en otras formas de construcción política.
   
 
 
 
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