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| Un discurso con la mirada en la Casa Rosada |
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| El gobernador Mario Das Neves dio en la apertura de las sesiones ordinarias de la Legislatura un mensaje simple, con temas presentes por omisión y argumentos empapados de corrección política. El sueño vigente de que el capital político que acumuló, simbólicamente sólido pero geográficamente acotado, se reproduzca fronteras afuera y baste para instalarse en la Casa Rosada. Mientras tanto, el PJ provincial sigue acumulando precandidatos a gobernador en la sucesión para el 2011: en el valle la propia senadora nacional y cuñada del gobernador Graciela Di Perna se suma a la lista. |
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Como un discurso político también está construido en base a lo no dicho y que se elige no decir, una lectura desapasionada, cuando no un análisis, debe empezar por las omisiones. “Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar, sin esperar”. La frase es de Evita y fue la única referencia directa a la doctrina justicialista que el gobernador Mario Das Neves pronunció ante la Legislatura. No mencionó ni al general Juan Perón ni al peronismo ni teorizó acerca del dogma que está en su ADN, ni siquiera para ganarse el aplauso fácil de la tribuna transpirada. Los que conocen su pensamiento saben que el mandatario no cree que cantar la Marcha Peronista baste para serlo. Es más: desprecia a quienes manipulan las 20 Verdades para decirse militantes.
Como prefiere creer que el peronismo se desanda en las acciones, optó por anticipar que se vienen dos años de pura política. Es que se podrán discutir los contenidos de las estrategias públicas del dasnevismo, pero no las cifras de inversión en las áreas sociales clave. No era necesario aburrir con números, porcentajes y estadísticas ya que en muchos casos, como diría el presidente uruguayo José “Pepe” Mujica, “los cambios deben poder tocarse con las manos”. O como advirtió en el discurso el propio Das Neves: “Los números grafican los hechos y dan contundencia a las acciones de un Gobierno. Pero más contundencia se alcanza cuando se comprueba que la gente percibe los resultados, los vive y los disfruta”. Sólo una catástrofe financiera causaría desinversión en Trabajo, Salud, Educación o Vivienda durante el tiempo que le queda en Fontana 50. En el peor de los casos y aunque fuese por inercia, los logros numéricos se multiplicarán.
Aunque ratificó su proyecto presidencial, Das Neves esta vez no dijo que no haya un “Plan B” en su mente, concepto que sí utilizó en otros discursos para garantizar que no habrá intento de re-reelección. No quiere decir mucho: quizás esté más que claro que no habrá maniobras tales. Pero en este sentido, no hubo una sola línea acerca de la reforma constitucional que tanto se anunció cuando Chubut cumplió 50 años. Ya nadie habla de aquella iniciativa entusiasta, que quería ser histórica y que marcó agenda por varias semanas con sus promesas de nueva división territorial e incorporación de nuevos ítems, como los derechos del consumidor. Cabe advertir que los tiempos para elegir convencionales constituyentes ya no dan y que le tocará al sucesor de Das Neves lidiar con un debate tan sensible, si es que alguien reanima la idea.
Si de sucesores se trata, tampoco mencionó la promocionadísima carrera por Fontana 50, aunque algunos esperaban un pedido de prudencia para que la política no roce la gobernabilidad de estas pampas. Cuando lea su próximo y último discurso, esa cuestión, que es partidaria pero que es el núcleo del escenario político, estará resuelta.
Tampoco hubo palabras para el escenario pesquero y sus efectos no deseados, que este año incluyeron un conflicto histórico de más de 100 días en la capital de la provincia, amenazas de cierre y emigración de empresas. Ese esquema reclama una modificación urgente y profunda para que la actividad no se hunda aún más, valga la figura. Es una mancha de aceite que dejó de ser una coyuntura local y que en los últimos meses cubrió en simultáneo a Puerto Madryn, Rawson y Comodoro Rivadavia, tres de las 4 ciudades más importantes. En el discurso no hubo ni siquiera reivindicación para los esfuerzos estatales de reducción de daños. Si se bate el parche con la preservación del empleo, el ítem merecía una mención, quizá autocrítica.
Curiosamente, este año Das Neves no le apuntó al funcionamiento del Poder Judicial ni a sus integrantes. Tal vez por eso, 5 de los 6 vapuleados ministros del Superior Tribunal de Justicia fueron a escucharlo al recinto. Y quizás más claramente que nunca, sin esquivos argumentales, el gobernador reconoció a la inseguridad como un problema irresuelto. No pidió mano dura ni menos garantismo a los jueces. Es buena noticia que no haya optado por las razones de Doña Rosa.
En rigor, y ya dentro de lo que sí dijo, definió que se deja atrás “una etapa importante en la que cumplimos los primeros objetivos” y adelanta que “llegó la hora de otros debates y de discutir las cosas importantes que nos harán mirar el futuro con otra óptica”. Das Neves sabe que no podrá hacer demasiado más desde su sillón, por más que toda gestión sea perfectible. Cada vez se le nota más que siente que su ciclo se cumplí con más haberes que debes. O dicho en sus palabras, ahora hay que discutir temas “que hacen a la definitiva ratificación de un proyecto que no se agota en la figura de un gobernador”.
Como sea, su proyección nacional se filtró en la mayoría de los párrafos. Como cuando advirtió que nuestra provincia “trata de transmitir al país que las desigualdades territoriales esperan y exigen una inmediata respuesta. Chubut todos estos años no le cerró las puertas a nadie. Así lo demuestra un crecimiento demográfico histórico como producto de la radicación de hermanos de otras provincias”.
“Así como en otras décadas llegaban catamarqueños y riojanos a probar suerte buscando un destino mejor, hoy vemos como desde Santa Fe, Córdoba y provincias del norte, la gente elige estas tierras para intentar asegurar su destino. Entendemos que las desigualdades territoriales esperan y exigen una rápida respuesta de los gobiernos.
Tenemos que luchar para lograr una verdadera integración y un verdadero federalismo”.
Fue el único tramo que dedicó a “las arbitrarias medidas del poder central, que obligan a la mayoría de las provincias a seguir sometidas a políticas de exclusión, falta de trabajo y a la pérdida de la identidad, con el consiguiente desarraigo de su población. Por eso las pocas oportunidades económicas que ofrecen algunos estados provinciales profundizan la concentración poblacional en las grandes ciudades (…) Vemos con dolor como provincias vecinas sufren las políticas de exclusión y caminan de conflicto en conflicto sin la posibilidad de encaminarse hacia el desarrollo y el trabajo. Esto se puede revertir. Lo hemos hecho aquí con políticas inclusivas y reparto equitativo”. Esta comparación de Chubut con el resto de las provincias fue el único disparo para Cristina. Eso sí: no recordó la deuda de más de 300 millones de pesos de Nación con nuestra provincia. Esa cifra ya es un dato clave de nuestra política puertas adentro y es raro que no haya sido incluida en el discurso.
Das Neves insistió en recordar las múltiples refacciones hospitalarias o los más de 30 centros de salud salpicados en el territorio, para “la gente que peregrinaba buscando un médico o debía recorrer largas distancias para esperar que lo atiendan”. El problema clave en el área es la falta de recurso humano calificado, como médicos, enfermeros o anestesistas. No es, claro, atribuible al dasnevismo. Pero existe y también se toca con las manos.
Tras el previsible párrafo sobre la política habitacional, quizás el punto más fuerte de estos 6 años y el que menos contrapuntos merece, Das Neves se preocupó por aclarar que su gobierno trabaja para “extinguir la marginación educativa, tarea que hemos comenzado y seguiremos hasta terminar”.
De la política laboral, recordó el objetivo de crear empleo y “generar las condiciones para que los empresarios encuentren un Chubut previsible para inversiones de riesgo que generen expectativas ciertas de rentabilidad”. En este sentido admitió que “es un tema no terminado para nosotros. Terminará cuando el último de los chubutenses desocupados tengo un trabajo asegurado”. Por eso, “estos seis años nos sirvieron para colocar los cimientos”. Acto seguido, el guiño para el senador Mario Cimadevilla: “Chubut ya no es una fábrica de pobres.Es una fábrica que se abre para que los pobres dejen de ser pobres”.
Según el discurso, en 2003 había 63.904 empleados y 5.370 empresas radicadas. A septiembre de 2009 la cifra de empleados subió a 95.822 y la de empresas a 8.280. Que en la provincia el desempleo es poco es un indicador plausible y reconocido, pero cuidado con las cifras engañosas: ¿cuántas de esas “empresas radicadas” son en realidad monotributistas que se inscriben porque de otro modo no podrían cobrar su trabajo?
A la hora de los reconocimientos históricos, recordó a Jorge Galina, Roque González, Benito Fernández y Atilio Oscar Viglione. Para el resto, sus contemporáneos Néstor Perl, Carlos Maestro y José Luis Lizurume, la memoria popular está muy fresca.
A diferencia de otras aperturas, hubo espacio para el campo. “Tenemos el pleno convencimiento que la tierra deja de ser tierra si no produce. Pero para producir sobre la tierra se necesitan políticas estables. De nada sirven las medidas superficiales y pasajeras porque no aseguran la sustentabilidad y previsibilidad que sectores como el campo necesitan para desarrollarse (…) Nuestro principal compromiso es la preservación de los puestos de trabajo. Que no paguen los que menos tienen un ganan los efectos devastadores de una política nacional que apunta a obstruir el crecimiento y desarrollo de los sectores productivos”. La gestión Das Neves ya otorgó créditos para el sector rural por más de 61 millones de pesos. La ceniza, la sequía y los malos precios internacionales hicieron lo suyo. Aunque el sector es clave para la economía chubutense, no es un tema frecuente en los discursos institucionales, a menos que se trate de sociedades rurales.
Por primera vez en la Legislatura y con una discusión de piel irritable, Das Neves hizo oficial su deseo de que se haga minería y de que este hacer sea el modo de subsistencia de la población de poblaciones marginadas que dependen casi exclusivamente del Estado, como quienes habitan la meseta central. “Hay comarcas que se degradaron, víctimas de la desertificación. Recuperarlas implica un esfuerzo económico que es imposible de llevar a cabo sin utilizar sus recursos. Es indispensable establecer en la meseta central, políticas que aseguren la producción y el trabajo para asegurar el arraigo. Tenemos que desarrollar la explotación de los recursos mineros. Única herramienta que tenemos para conseguirlo. No lo vamos a hacer sin cuidar el medio ambiente y en un plan que implique la participación de todos”.
Fue el único momento de referencia explícita para la oposición, la Unión Cívica Radical en particular, ya que “lo peor es no debatir y no escuchar al otro aunque piense distinto. No haremos nada en la clandestinidad. No tomaremos medidas trascendentes entre gallos y medianoche, como ya pasó en esta provincia, en otros gobiernos a los que cuales después el pueblo les dio su respuesta”. En rigor y para que vayamos sabiendo: en Chubut habrá minería y también habrá que confiar en que esté bien hecha. Y aunque adelantó que escuchará a las minorías, forzó el razonamiento de la corrección política hasta garantizar que su gobierno no es igual a otros.
Luego fue el turno de la (in)seguridad, esa “cuestión central que nos desvela a todos. Una verdadera política de seguridad no puede limitarse a la represión policial sino que debe contener una mirada integradora y amplia de la problemática. Todos los poderes del estado y las organizaciones sociales deben formar parte de esta política pública, sin mezquindades políticas ni partidarias”. Es su forma de decir que el problema superó y supera por mucho la capacidad operativa del gobierno. “No podemos hablar de seguridad si no hablamos de justicia y no podemos hablar de trabajo conjunto si todos los actores no nos comprometemos en la lucha contra el delito en todas sus esferas. Nuestro gobierno apostó a la recomposición del entramado social como primera medida preventiva”. Dicho por él, la idea de que la delincuencia se nutre, entre otras fuentes, de la descomposición social progresiva que Chubut también sufrió, no se parece mucho a un axioma que el propio Das Neves suele disparar algunas mañanas: “Los que roban son los mismos de siempre”. Además, “somos absolutamente conscientes respecto a que los hechos delictivos ocurren. Debemos estar presentes para prevenirlos y evitarlos. No desconocemos una realidad que la gente palpa día a día. Por el contrario: la reconocemos y la enfrentamos. La seguridad de la población es uno de nuestros grandes desafíos”. Además, y aunque claro que no hubo disculpas para nadie, Das Neves si reconoció que “a lo largo de estos años he sido un hombre frontal. Tengo que reconocer que a veces, lo fui demasiado. Pero hay cosas que no por antipáticas, igual deben estar en la boca de un gobernante”.
Para el postre, Das Neves dejó claro de nuevo su intento de “cruzar esos límites para poner en marcha un país que también necesita un cambio. Me siento en condiciones de ser el conductor de un proceso que dará luz a otra Argentina (…) Utilizando métodos distintos para crear condiciones diferentes”. Pero aún así, “antes de precandidato a presidente de la Nación, soy gobernador. No me sentiría digno de ocupar ese sitio si primero no completo mis deberes de gobernante”. Cuando abra las sesiones en 2011, probablemente ya sepa y pueda proyectar su chance real de cara a las internas presidenciales de agosto de ese año.
En síntesis, Das Neves admitió que en Chubut hay inseguridad y cuesta resolverla; advirtió que no hay más remedio que la explotación minera para rescatar de la marginalidad a miles de comprovincianos; mostró que ya no hace falta revalidar números para publicitar el crecimiento de indicadores clave, y apostó a reproducir su inmenso capital político en otras fronteras, más ajenas, difíciles y seductoras.
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