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| Entretelones de un conflicto sin cierre |
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| Como otra Guerra de los 100 días, hace más de tres meses que Puerto Rawson está cuasiparalizado por un conflicto histórico. Marineros, empresarios y políticos entraron a un laberinto con sonrisas y ojos vendados. |
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De niños, en un domingo de aburrimiento, casi todos los rawsenses fueron alguna vez al puerto de la capital chubutense para pararse en el muelle y ver un poco más de cerca, de la mano de papá, la descarga de toneladas de cajones de langostino. Era una rutina que consumía al menos una hora. Entrañas de barcos y marineros gritándose con lenguaje de jerga eran un espectáculo bastante atrapante. Si había reclamos salariales duraban una tarde: se resolvían rápido porque capitanes y patrones se conocían de memoria y bastaba una cerveza. El peor problema era que la temporada fuese demasiado mala y el pescado chico, de mala calidad, o ambas cosas.
Hoy, entrar a Puerto Rawson es contemplar pintadas, carteles de mil gremios en rejas que antes no existían, vigilancia estricta de Prefectura y, de vez en cuando, un buque de la Flota Amarilla que atraca. Hace 100 días que se trabaja a menos de media máquina, en la parálisis más larga que recuerde la capital chubutense. Se perdió un piso de 15 millones de pesos que ya no circularán por la economía del Valle. No hay comerciante que no lo advierta en su caja diaria. A cambio, el Boletín Oficial muestra seguido los subsidios para que mantener el estallido a raya apenas con lo justo. La capital ni siquiera puede darse el gusto del turismo para inyectarse capitales, como si quizás pueda Puerto Madryn.
Ni en los archivos es fácil distinguir en qué momento exacto la dirigencia entró engañada al callejón sin salida. Seguramente fue en noviembre, cuando unos cuantos hombres del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos pidieron que les paguen más por kilo de langostino capturado: 11 pesos cuando el pescado fuese de alta calidad. Los empresarios se negaron. El gremio se atrincheró en la vereda de la Municipalidad del intendente Adrián López. Nadie aflojó y el tiempo pasó. La temporada también: los cardúmenes de peces llegaron a la zona y nadie los pescó. Alguien haría algo para destrabar esa tapa de diario. Los marineros se fueron sumando a la postura del gremio, creyéndose embarcados vaya a saber en qué gesta.
Cuando los funcionarios percibieron que la sangre no paraba, intentaron una cumbre que incluyera al subsecretario de Pesca, Norberto Yauhar. Esa noche en el Ministerio de Economía terminó en una refriega que nadie olvida ni puede explicar aún: marineros y vecinos comunes golpeados sin razón; camionetas con molotov, palos y piedras; llamadas misteriosas; gases lacrimógenos. Una noche donde todos fueron culpables y, claro, nadie lo fue. Pronto, la Fiscalía de Rawson tendrá un rompecabezas armado. Pero por ahora, en lo político, fue la última vez que todas las partes estuvieron juntas mirándose a los ojos. Hasta hoy, el resto fueron contactos celulares e insustanciales.
A 100 días, a la cúpula en Rawson del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos se le acaban los argumentos. Lo que pareció convicción gremial ya se parece más al capricho. Queriéndolo o no, arrastraron a sus afiliados a una lucha tramposa que a futuro, con el fin de la temporada y la llegada del otoño, sólo les traerán más protestas. Quizás no sean mayoría, pero varios marineros y dueños de barcos simulan firmar el “acuerdo oficial” que preescribió el SOMU, de 11 pesos, pero en la vida real aceptan pagar y cobrar menos. El dato de que los empresarios “la quieren toda para ellos” y que de que “los marineros lucharán hasta el final” ya suenan poco razonables, por ciertos que parezcan. Es posible que sea mejor explotar la zafra que queda y dejar para 2010/11 la solución estructural, que deberá incluir una reforma de la Ley de Pesca.
Otros sindicatos fueron heridos por las esquirlas. Como el Sindicato Unido de Portuarios Argentinos, que agrupa a los estibadores, cargadores de cajones en Puerto Rawson. Para ellos el daño económico no fue tanto, pero la parálisis de la faena mostró sus internas sindicales, entre obreros independientes a quienes no les conviene pertenecer al gremio, y afiliados hechos y derechos que buscan asegurarse un empleo creando una Bolsa de Trabajo, cual UOCRA . Hay un acuerdo precario que calmó las aguas –valga la figura- pero a esas cabezas ya las moja la catarata del conflicto derramado.
La tercera pata de la división portuaria del trabajo reside en el Sindicato de Trabajadores de la Alimentación. El gremio que en el Valle lidera Luis Núñez ya tiene serios problemas en Puerto Madryn con Pescapuerta y Alpesca, que implican a cientos de familias. Por eso Rawson es una mecha que por ahora miran de costado. Eso sí: no les gustó nada que en un pico de protesta, el SOMU intentara bloquear la entrada a la planta de Conarpesa, de capitales españoles. Es que sea de la capital, de Comodoro Rivadavia o de Camarones, aún hay pescado para procesar y no hay precisamente disposición a dejar caer esos empleos, por “compañeros” que sean los otros gremios. El peso político del STIA es bastante mayor que el del resto de las agrupaciones, como un hermano mayor que vigila mientras se ocupa de cosas de grandes.
Apenas se inició febrero, se vio una postal inédita: al menos 30 empresarios de la Flota Amarilla, dueños de uno o varios buques que unieron fuerzas y recrearon la Cámara del sector. Fue más que un signo, acostumbrados como estamos a escucharlos de tanto en tanto, de a uno, aislados, midiendo sus declaraciones aunque casi todos piensen igual. Dijeron mucho: que no cederán a las presiones del gremio y que prefieren perder plata parados, que perder aún más plata trabajando al precio que exige el SOMU. No pareció una bravata sino un bloque convencido, por si fuese poco con el respaldo de Conarpesa, esa misma que todos observan con atención porque por su tamaño suele fijar precios y modos de trabajo en Puerto Rawson. Si Conarpesa firma, forman todos.
Parece una obviedad, pero pocos tienen en cuenta que la rentabilidad económica no es algo que los empresarios vayan a sacrificar. ¿En serio alguien cree en su espíritu de beneficencia? A ver si nos entendemos: si pueden ganar 4, no van a ganar 2 ni 3. Es norma y no es ilegal.
El papel del poder político es más de lo mismo. En los meandros de este caso testigo, cuando no hubo solución subsidiable a mano, se trató de “un conflicto privado entre empleados y empleador”; si se pudo resolver alguna firma, fue “un sector que merece que el Estado le esté encima”. Si los funcionarios saben de pesca, no se dedican a demostrarlo.
Reuniones y reuniones y reuniones, más alguna que otra exageración. El propio gobernador Das Neves dedicó dos mañanas de embestidas a su estilo para empresarios y gremialistas, que fueron del narcotráfico al enriquecimiento ilícito. Pero solo se agregó tensión. Detrás de todos llega el intendente Adrián López, que calca argumentos.
Eso sí: el precandidato a Fontana 50 ya sabe y dice y se resigna que como mucho en mayo habrá decenas de marineros sin la plata que la temporada pudo darles y ya no les dará. Casi que ya huele el humo de la quema de cubiertas en el palacio municipal. El que avisa no es traidor.
Desde aquella noche de refriega policial, sobrevuela el fantasma de Norberto Yauhar, que dice presente en cada nudo gordiano en Chubut. Se involucró directamente sólo en aquella ocasión y, lógico, prefirió no responder más. Tiene buenos argumentos para explicar porqué su intervención está limitada: el conflicto es puramente local, mal que les pese a las partes que confían en su mano mágica.
El gobierno no ayuda mucho cuando lo elige como el responsable de la crisis, a menos que demuestre acabadamente cómo alentó a los gremios a tensar la cuerda para complicar a la provincia, tal cual la acusación puntual que le achacan. Ya es impensable imaginar que pueda resolver el conflicto, si es que eso significa ganancia política pura para él.
¿Hay salida? Claro que la hay en tanto queden mar y peces. El primer paso es revisar la Ley de Pesca para chequear que no se ladee hacia el lado del empresariado, si es que tal cosa sucede. Sin gritos oficialistas ni histerias opositoras. El diputado radical Carlos Díaz es un buen ejemplo de racionalidad y manejo de información para estos momentos. Cuando en diciembre el SOMU marchó a la nueva Legislatura, fue el único en sugerir sesiones urgentes para tratar el tema de modo de llegar a enero con una respuesta al menos parcial. Ningún diputado del PJ lo avaló, y no porque hayan confiado en la “mano mágica” del Adam Smith: había receso a la vuelta de la esquina. El problema claramente los sobrepasa.
De paso, si se revisa el marco legal quizás se puedan encontrar mecanismos de compensación salarial automática –o al menos de negociación- que prevean estos escenarios de crisis. Y si los permisos de pesca son un derecho adquirido intocable, a riesgo de una lluvia de juicios contra el Estado –como lo dicen los empresarios sin empacho alguna- ajustar un poco los requisitos antes de renovarlos para minimizar sorpresas. Otra alternativa que los marineros piden seguido es crear un Mercado Concentrador en Puerto Rawson, de modo que el producto del trabajo se venda mano a mano, con menos ruedas en la cadena.
Pero antes que todo, es imprescindible un reclamo duro de los legisladores chubutenses para que Nación restablezca condiciones ventajosas que protejan el mercado patagónico de la competencia negra marplatense, de la cíclica baja de precios y de la voracidad sobre el caladero. No son ningún ejemplo de santidad, pero hace tiempo que a las firmas emblemáticas no les hace ninguna gracia capturar y procesar en Chubut. ¿Para qué? Nadie debe asustarse si Alpesca levanta carpa. Y puede que hasta sea necesario tremendo impacto para poner pies en tierra.
Como sea, Puerto Rawson es el síntoma de que el esquema pesquero chubutense está agotado tal cual existe, de que se necesitan ideas y de que hace años se incuba una alarmante incapacidad dirigencial para una receta que contenga a todos. El tamaño de su muelle lo hace ceder a la crisis más rápido que otros, pero la capital muestra el futuro de todos. Los empresarios abusan de su posición quizás porque la propia legislación es abusiva, pero los gremios necesitan razonabilidad para saber hasta dónde tirar la cuerda. No se necesitan héroes dogmáticos sino trabajo. Este conflicto no es más que el hijo de otros, que en otras temporadas se sucedieron sin que nadie les haya echado el ojo, quizás confundiéndolos con dolores de crecimiento.
Hace 100 días que los niños no tienen nada para ver en Puerto Rawson: ni langostinos, ni barcos ni marineros ni jerga. Pero entretenimiento no les falta: ya toda la costa tiene wi-fi.
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