2011: Póker de candidatos en Chubut
El póker de candidatos inicia su último semestre de competencia: todos suponen que apenas el Mundial de Sudáfrica termine de consumir la atención popular, se sabrá quién encabezará la candidatura con miras a lograr el tercer gobierno peronista consecutivo. Segundos afuera.
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Claro que el gobernador y presidente del PJ Mario Das Neves tiene nombres preferidos. Pero no elegidos. Le sobra sapiencia para doblar la muñeca a tiempo y tragar algún sapo a cambio de capital político y garantía de gobernabilidad, si fuese necesario. Eso también es lectura del escenario y no ceder. Acertó con la postulación de César Gustavo Mac Karthy luego de la desastrosa experiencia de Horacio Gómez en Trelew; hizo hoyo en uno con Aldo Marconetto diputado nacional, que barrió a Carlos Maestro, y hasta reconquistó Rawson para el PJ con el salvoconducto de Adrián López.
La interna chubutense discute protagonismo con la interna nacional. En Fontana 50 más de uno especula con que el gobernador debe cuidar la simultaneidad: si su aspiración presidencial no crece como espera su mesa chica, puede que haga mella en su liderazgo local y la capacidad de apunte de su dedo valga menos. No es una idea loca, o al menos no tanto como imaginar que pesos pesados pudieran hacer rancho aparte, como finalmente sucedió con el Nuevo Espacio Peronista. No es cuestión de que cualquiera se te anime.
El PJ vive un escenario convulsionado. Al ya anotado intendente de Comodoro, Martín Buzzi, se agregó hasta su par de Rawson, Adrián López. Pero si fuese por señas particulares, a esta hora del día el candidato sería Mac Karthy. No se sabe si por motu propio, consejo de la jefatura o combinación de ambas, pero ya hizo costumbre verlo junto al gobernador en la otra punta de Chubut, en actos oficiales y con el generoso micrófono oficial a mano. En las vacaciones de Das Neves fue sugerente escucharlo en licitaciones educativas en Casa de Gobierno, dando cifras de carácter provincial y no sólo de Trelew, como arremangándose el traje. Su ciudad no tiene grandes problemas urbanos ni depende de sectores críticos que tanto te empujan como te entierran, dícese pesca o petróleo.
Lo cierto es que su trabajo al menos emparda lo hecho por Carlos Eliceche, su colega de Madryn. Adiestrado en el silencio, nadie sabe qué peso tiene en este escenario su padre, el mítico César “Kuky” Mac Karthy. Eso sí: si ya se demostró como un administrador interesante, le falta alguito de “pueblo”. O puede que uno esté demasiado acostumbrado a la transpiración genuina y abundante de Das Neves.
Tenía que pasar. El Nuevo Espacio mostró la dificultad de convivencia que históricamente mostró cualquier grupo de más de 3 peronistas que se juntan en pocos metros cuadrados y, encima, de ciudades distintas. Cuando parecía que la punta de la pirámide sería ocupada con Eliceche gobernador, el inefable Néstor Di Pierro advirtió que lo ideal sería un candidato de Comodoro Rivadavia, alguien como Martín Buzzi, para más datos. El perro se mordió la cola: dichos así obligan al intendente de Puerto Madryn a remirar con cariño al PJ tradicional, porque tampoco es cuestión de incinerarse uno y sus ambiciones políticas; lo mismo sucede con el director del Correo Argentino, porque cuesta saber qué hombre con cierta instalación pública podría ser candidato si no el actual intendente petrolero. Quizás contra su voluntad, esa lógica lo acercó a Fontana 50. Hay que ver si su amor por Comodoro es menor que su lealtad al Nuevo Espacio.
Pese al trago amargo, de Eliceche se puede decir que las puertas que abre son giratorias. Criticó con ingenio el “proyecto” pero nunca lo personalizó en Das Neves. Es más: lo último que se sabe es que en Madryn, el gobernador es recibido como si pasara poco y las fricciones fuesen apenas los gatos reproduciéndose. Eso se tradujo en que nunca hubo asperezas mutuas. Pese a crisis terminales como la de la gigantesca empresa Alpesca, la imagen de Eliceche en su ciudad es altísima y en el resto del Valle no lo miran mal. Puede que le convenga caminar ya el interior si no quiere estancarse en el confort local. No bastará el aval de sus conciudadanos aunque es probable que ahora mismo, tras los dichos del “Tano”, dude de qué mano tomarse para cruzar otras calles. Como se verá más abajo, duda del airbag que pueda garantizarle el Nuevo Espacio. Es que su perfil como precandidato tuvo un clímax en aquellos días de rompimiento con el oficialismo, pero como les pasa a todos los jugadores que arrancan en Primera A: lo difícil es mantenerse.

Igual, la dificultad y el enigma del Nuevo Espacio reside en saber cuánta militancia posee de su lado y cuál es su real capacidad de organización. Dicen que el peronismo es como el yogurt porque su vencimiento está en la base. Suele ser argumento de perogrullo, pero en rigor es difícil saber cuánto malestar tienen los militantes con Das Neves por un puñado de presuntas decisiones inconsultas. Bah, es difícil saber si tal malestar existe.
Por ahora sólo hubo dos demostraciones de los disidentes: el 17 de octubre, con té para el Día de la Madre; y la visita de Néstor Kirchner, cuyo carisma aún basta para ahorrarse trabajo de convocatoria y no vale tanto como referencia. Las fotos de prensa informal que Norberto Yauhar & Cía. distribuyen en las redacciones no alcanzan a reflejar qué credenciales de adhesión podrían mostrar en lugares clave como Esquel o Trelew, por caso.
La cantidad de voluntades –cifra clave para el ascenso político por más claridad ideológica que haya- es una pata renga que en Chubut sólo los sindicatos podrían cargar en sus espaldas. Este sector es una incógnita. La única certeza es que insistirán con su 33 por ciento en la boleta. Lo demás es la economía, estúpidos.
El que tiene cara de tercero en discordia en la línea de largada es Buzzi. Tiene una llave que puede tanto abrirle la puerta grande como encerrarlo: el tamaño de su ciudad, esa indescifrable que vale tanto como el Santo Grial. Si logra instalarse o aparecer algo así como el “referente de Comodoro”, tendrá una chance no despreciable. Entre muchísimos analistas políticos en el Valle se suele repetir como letanía que Buzzi nunca logró “entrar” en los barrios petroleros. Nadie sabe explicar bien qué significa tal cosa, apenas algo así como que nunca fue un tipo demasiado popular entre la muchachada. Es apenas una percepción: las urnas cuando hablan dicen otra cosa. Política, arte de lo posible.
Tampoco le viene demasiado bien polémicas del perfil “nuevo reparto de coparticipación”. Estos temas, como el amparo judicial o la pena de muerte, suelen generar de inmediato dos trincheras, no admiten tibios y parece que se jugara el futuro de la patria, aunque nadie entienda demasiado. Nadie gana una elección porque tenga razón, sí porque mejora en algo la calidad de vida de los vecinos y no descuida la militancia pura y dura. A falta de construcción política propia y diferente a lo que sucede en otras ciudades, Comodoro es afecto a esos reclamos grandilocuentes por peso específico que crecerán rumbo a 2011. Hay que tener cintura para gambetearlos o aplicar la máxima de Felipe Solá para mantenerse en el poder: “Hacerse el b…”.
En cualquier caso: ¿es más trabajo hacerse conocer en otras ciudades siendo de Comodoro, o el problema lo tienen quienes necesitan el voto petrolero? A juzgar por la historia institucional desde el regreso de la democracia, es preferible trenzarse en lucha con lo segundo. De última hay que prenderle una vela al contrapeso.

Hay un jugador eternamente escondido, con Dios y con el Diablo o con ninguno. El 17 de octubre de 2009 le dijo a la prensa en Trelew que la Gobernación “ya no es mi carrera”, frase sugerente pero no definitiva. Se trata del senador Marcelo Guinle, con una ventaja de alto valor comparativo en tiempos de castigo económico: el plus de su llegada directa a la administración K. Cae bien en la esquiva clase media pero adolece del apoyo militante, cosa que en el Valle se nota cuando su nombre suena en los parlantes y apenas se escucha un murmullo. El mundo entero coincide en que es un equilibrista institucional y el único dirigente chubutense que logró torcer el brazo del dasnevismo intercambiando la diputación de Mario Pais por apoyo político para el gobernador en Comodoro. Igual, cuesta mucho imaginarlo como el candidato del oficialismo y lo más probable es que no lo será. Hay demasiada tensión de estilos y el círculo cerrado de Casa de Gobierno jamás lo digirió ni se preocupa en disimularlo.
La validez de los análisis de las candidaturas se diluye al ritmo de lo que pasa en la cancha. El cuadro se mueve tanto que es difícil ser certero en las pinceladas. Hace apenas meses pocos hubiesen imaginado, por ejemplo, la dura realidad de Máximo Pérez Catán, que de un área crítica y sensible que hasta ayudaba a sus aspiraciones, como el Ministerio de Gobierno y Justicia, hoy está refugiado en SEROS, que no se parece mucho a una rampa de lanzamiento. O el propio Yauhar, que pareció un rival de fuste pero está reducido a un malestar, agazapado pero menos dañino que el tamaño de su leyenda. Hasta el intendente de Rawson, Adrián López, se sentó en la mesa de truco. Le siguen dando manos generosas para poder pagar sueldos en fecha y para resolver deudas históricas y millonarias, como Pentamar. Pero aunque los resignados no lo digan en voz alta, los sondeos de imagen lo crucifican. Ni pensar las intenciones de voto. Se puede probar, pero no hay tiempo para instalar otros experimentos sin gestión, como algún empresario o hipótesis locas como Pablo Das Neves.
Casi se puede firmar con sangre que el nombre del candidato será alguno de los nombrados, a menos que Das Neves rompa su contrato social más importante, como la promesa de no reelección y vuelta al living si la Presidencia le es esquiva. Sólo porque el Valle está en el corazón del dasnevismo y tiene cupo asegurado, Mac Karthy se perfila como el único intendente seguro en la fórmula, quién sabe en qué orden.
Empezó 2010 y la oposición sigue mereciendo apenas un párrafo, si de la chance de gobernar se trata. Mario Cimadevilla, Roque González, Irma García, y siguen las firmas. Algunos mejores que otros, a los no peronistas les cuesta horrores no ya ensayar alianzas, sino ponerse de acuerdo a sus adentros o dar un paso al costado para oxigenar la estructura. Tal vez suceda porque hacerlo significaría admitir alguna culpa de estos años. No les vendría mal parecerse al yogurt, como esos que se quedarán otros cuatro años ocupando Rawson.

   
 
 
 
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