Nuevos y "viejos" escenarios de la Legislatura provincial
La versión 2010 de la Legislatura chubutense muestra un archipiélago de voluntades donde ya no existen bloques hegemónicos ni es posible garantizar el éxito de las estrategias. Las aspiraciones sectoriales se multiplican y casi nadie parece interesado en ser recordado por su paso por la banca, que más parece un trampolín.
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A dos años de las elecciones, la Legislatura hace honor al lugar común según el cual es la “cámara de resonancia” del panorama político. Así, tal cual sucede puertas afuera, el escenario parlamentario chubutense está hecho de piezas sueltas, archipiélagos dirigenciales que cada día se alejan más entre sí, verbas de alto voltaje e ideas que sólo de vez en cuando aparecen traducidas en legislación estructural hija del debate. Un repaso del perfil de sus diputados explica un poco mejor esta línea de conducta, que las crónicas de los diarios a veces apenas insinúan, apurados por la coyuntura o la falta de reflexión analítica.
Lejos de la hegemonía de hace un par de años y al ritmo de los compañeros, el bloque del Partido Justicialista muestra tres vísceras: Javier Touriñán y Stella Maris Vargas por un lado; Miguel Montoya y Alberto Gaitán por el otro, y el resto. Los primeros están definitivamente divorciados de sus pares –aunque cama adentro- y claramente hace tiempo dejaron de ser una garantía para ninguna estrategia legislativa oficial; los segundos son impredecibles pero racionales y –especialmente Montoya- son inteligentes en su lectura política y prevén que al dasnevismo no le queda más remedio que dialogar para ser bien fuerte en 2011. La convivencia se fuerza porque a nadie le conviene una guerra de guerrillas explícita. Pero Legislatura traduce que las diferencias entre el Nuevo Espacio, el Gobierno y la duermevela que los separa son irreconciliables.

¿Quiénes son “el resto”? Las cabezas visibles son José Karamarko, Oscar García, Rosa Muñoz, Rubén “Menen” Fernández y Mariana Ripa. Hay que reconocerles la lealtad al proyecto aunque quizás involuntariamente rocen la obsecuencia. Se les nota cuando deben defender lo políticamente cuasi indefendible. No es simple la lealtad cuando sus pares se disparan porque dos brazos no alcanzan para atajar las críticas en un año preelectoral.
En términos de argumentación y silogismos, Touriñán los supera a todos pero igual se esfuerzan. Con el transcurrir del reloj político hay pocos legisladores que puedan ser oficialistas con argumentos ostensiblemente propios y sin apelar al remanido discurso de los indicadores provinciales.
En este contexto no es raro que hoy por hoy y en ausencia, el madrynense Miguel “Manara” González sea visto casi como un estadista al que todo el peronismo extraña en su banca. En realidad es un dirigente razonable que entiende el juego y que probablemente pudo haber evitado o disimulado la fractura porque recuerda como un fresco muchos fracasos históricos del PJ. Hay que ver si su salud le permite intervenir con fuerza para corregir lo que ocurrió en su ausencia.
Por su parte, la Unión Cívica Radical es la de siempre y con las discusiones internas de sus primos cercanos casi que perdió protagonismo. Sólo en 2011 se sabrá si supo aprovechar el quiebre de la vereda de enfrente: sus diagnósticos acerca de la bolsa de gatos peronista siempre son mejores que talento para explotar la situación. El presidente de la bancada, Roberto Risso, últimamente suele excederse en el histrionismo que cruza sus peleas a gritos con el vicegobernador Mario Vargas. Es una postura de suma cero.

Un buen elemento para la oposición es Carlos Díaz: no se desespera por salir en los medios y no fuerza su papel de opositor. Además sabe mucho de un tema clave para el Chubut que nos tocó: el negocio de la pesca. Cuando en diciembre la crisis de la Flota Amarilla de Puerto Rawson el Sindicato de Obreros Marítimos se movilizó al parlamento, fue el único diputado que propuso una sesión urgente para resolver el problema.
Nadie lo escuchó y esa crisis nunca se resolvió del todo. No grita gratis y sabe silenciarse cuando es mejor. No por nada, cuando sí o sí hay que buscar la palabra de un radical que no sea tirabombas en un tema sensible, los cronistas suelen buscarlo.
Una lástima lo de Carlos Lorenzo. Mal que le pese a quienes no soportan su imagen pública, sus intervenciones son informadas, calculadas, medidas, teatrales, irónicas; suelen dejar sin respuesta alguna al bloque peronista, que casi siempre tras escucharlo esboza muecas de sonrisa, casi concediendo errores oficialistas aunque luego los apruebe.
Algo como él necesitaría el dasnevismo. Aunque el jefe de Gabinete Pablo Korn suela definirlo así, Lorenzo no es la oposición por la oposición misma. O lo disimula con éxito. Su déficit ante el electorado es su histórica identificación con Carlos Maestro. No será gobernador y es una pena que labias tan entrenadas como él o Touriñán no tengan otro papel.
Gracias a o a causa de, Afirmación por una República de Iguales parece estar perdiendo como agua entre los dedos la histórica chance de sumar bancas luego de una muy buena perfomance electoral en 2007.
Si sucede se lo deberá casi exclusivamente a la conducta del pediatra Fernando Urbano, que las más de las veces elude la negociación –piedra basal de cualquier representación parlamentaria- con tal de vencer o creer que vence a los molinos de viento del oficialismo. Apenas asumió le juró a la prensa que nunca acordaría nada con el dasnevismo.

En su situación hay tomas y dacas que son aceptables y no menos honestas. Pero cumplió su promesa de intransigencia y eso fue una barrera para su crecimiento. Por razones distintas, es una lástima parecida a la de Lorenzo. Urbano es un hombre que en Trelew ganó medallas por un coraje cívico que no es para cualquiera. Entre otros datos, denunció hasta con carteles en plena calle al Superior Tribunal de Justicia, en tiempos en que nadie acusaba como hoy tan alegremente de los jueces.
Pero debido a su hostilidad en el recinto perdió capital político demasiado rápido, pese a la tenue ilusión que generó. Muchos creen que Irma García, histórica líder del ARI en el Valle, hubiese logrado una construcción política más sólida. Urbano dejará su banca con una pila de pedidos de informe que nadie avaló y proyectos que nadie evaluó, cual si fuese un hombre de la izquierda paleolítica.
En cuanto al Partido de Acción Chubutense, el eterno Roque González conservó un liderazgo interno de baja intensidad a duras penas: a punto estuvo de perderlo a manos del ruralista Federico Pichl en una elección que mereció intervención del juez federal de Rawson, Hugo Sastre. Esto lo expuso demasiado, además de alguna que otra agresión subidísima de tono para con el sector interno que le disputaba.
Como diputado conoce el interior y tiene preocupaciones ambientales valorables, pero poco y nada puede hacer desde su banca más que proyectos de declaración. Y más de una vez debió explicar su voltereta hacia el lado de Néstor Kirchner. Hoy nadie podría certificar su opinión anticipada ante cada proyecto y no es un voto asegurado para nadie. Parece que el peso específico de su apellido se desgasta lento pero sin pausa.
Proyección Vecinal del Chubut se divide entre el comodorense Ricardo Astete y el resto. Es que el ex radical es siempre un enigma y hay que decir que, equivocado o no, tomó una decisión que hasta hoy sostiene con cierta coherencia. No regresó al redil del vecinalismo, renegó del oficialismo, y en privado y en público garantiza que la experiencia del PROVECh está agotada.

Quizás el diagnóstico real no sea tan terminal, pero es rigurosamente cierto que nunca se logró construir un sentido de pertenencia para esos diputados. Basta revisar el perfil de Ricardo Sastre, que siempre se reivindicó peronista. Un pronunciamiento tan repetido no ayudó a fortalecer la idea de que el partido –cuya boleta aceptó integrar- existía.
Hablando del madrynense, deberá afilar sus argumentos y sumar propuestas propias si de veras quiere suceder a Carlos Eliceche en la intendencia de la ciudad del Golfo. Marisol Codina y Santiago Cárdenas pasarán sin pena ni gloria. No es una ofensa, sí una descripción sacada de las sesiones y comisiones.
Hay que decir que se nota la experiencia de Néstor “Quique” García, cuyas declaraciones y acciones sostienen la existencia del PROVECh como un bloque hecho y derecho. El rawsense cree y hace creer que el vecinalismo ya tiene vida y chances de candidaturas y gestión propias, incluso con reconocimiento de la Justicia Federal. Si hasta dio por vencido el acuerdo con Mario Das Neves. Habrá que ver si esta perseverancia es suficiente para que la estantería no se caiga del todo, al menos en lo legislativo.
De la vida puramente legislativa, es común una redacción de los proyectos de ley floja de semántica, sintaxis, ortografía y, peor, de fundamentación. No es un detalle: una coma más o menos cambia sentidos y por tanto legislaciones. La página web de la Legislatura ya no posee el registro contable de la producción parlamentaria. Cuando existía, el ranking no desnudaba niveles de calidad y técnica, pero al menos decía qué diputados trabajaban con alguna frecuencia. Este año, esa estadística desapareció junto con la inauguración del nuevo edificio.
En rigor, la agenda que preocupa a los legisladores se nutre en un 90 por ciento del contenido de los medios del Valle. Aunque existe, no hay equidistancia que compense la ausencia de la Cordillera y del sur petrolero en este ejercicio.

Cuando las sesiones se agotan en la nada, los empleados de más edad de la casa de las leyes recuerdan en voz alta y con nostalgia ante los cronistas parlamentarios otras épocas, de debate puro y duro, donde se hablaba hasta la madrugada y nadie era interrumpido ni dejado hablando solo en su banca. Esta Legislatura no tiene mayorías aseguradas y el oficialismo lo sabe: Vargas se quedó.
Por eso son cada vez más frecuentes las visitas espontáneas de los funcionarios del Poder Ejecutivo, que se anticipan a posibles interpelaciones y prefieren el gesto de la explicación informal. Las manos levantadas de los diputados dependen del escenario político en sus ciudades de origen, de la multiplicación de acuerdos, de la naturaleza de los proyectos, de las conveniencias personales rumbo a 2011. Ya nada es tan monolítico y nadie se sorprende por la aprobación de informes que antes se cajoneaban o el fracaso de ideas que parecían éxito seguro.
Un apunte último para el presidente del cuerpo, Mario Vargas. Conserva su mano dura para la conducción pero habla cada vez menos con la prensa. Parece herido políticamente en su conciencia por haber sido obligado a no asumir la diputación nacional.
Es una mancha que la oposición le enrostra cada vez que puede y que se da de bruces con su perfil institucional. Justo él, que tanto defiende el voto y la voluntad popular, debió quebrarla para evitar un desbande peronista. Vistos los focos de guerra fría que se multiplican en el parlamento, quizás sólo haya atrasado algunos meses un escenario inevitable.
   
 
 
 
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