Inseguridad, jueces y políticos
El amparo, la inseguridad, los jueces. Hace 6 años que el Poder Judicial se somete a una tensión que necesita miradas de largo plazo y un poco de realismo sin frases hechas, para resolver problemas urbanos que son estructurales y casi insolubles para esta gestión.
Imprimir   |   Enviar por email   |  Volver a Informes
Hace 6 años que la relación del Poder Ejecutivo con el Judicial es un subibaja de tensión, que cada tanto estalla catalizado por un crimen. No por casualidad es de los pocos temas que atravesó la agenda pública sin solución, mezclando frases hechas, lugares comunes, análisis acertados y de los otros y, además, buena participación de los vecinos de a pie, cuyas charlas y quejas se multiplican en cualquier ciudad. Es que casi nadie habla de pesca, un sector específico marcha por la megaminería, otro no mayoritario se preocupa por el petróleo pero eso sí: todos saben qué hacer con la seguridad y con los jueces. El amparo a favor de la Asociación de los Magistrados y Funcionarios rompió el dique de nuevo y ayudó a verlos como una élite.
¿Estaría bien incrementar sueldos que ya son muy buenos? La pregunta que se hacen todos está mal formulada desde el inicio, al pretender percibir en términos de “malo” o “bueno” un dilema estructural, que trasciende al robo de cada día. Sin vueltas: los jueces deben ganar lo mejor posible porque se capacitaron para decidir sobre la vida, la muerte, los bienes y los destinos de las personas; para ser indemnes a las presiones. Mal que les pese a los discursos de aroma fascista, la “responsabilidad funcional” de los magistrados no es un capricho corporativo, sino más bien una mochila bien pesada. Lo difícil es alterar la percepción social acerca de que esos recibos de sueldos son ajustados a Derecho.
El hombre acostumbrado a leer fallos se da cuenta de que la condena de la conjueza María Alejandra Peralta quizás yerra en eso: los jueces en Chubut ya están ganando “lo mejor posible”. Puede que no sea el sueldo que les debería tocar en un escenario que no sea de crisis, y que pierdan en la comparación con otras provincias, pero en el tesoro provincial no sobra la plata. No es un razonamiento oficialista: ¿por qué no una condena más salomónica y alternativa? Reconocer el atraso de haberes pero en simultáneo advertir que la economía, por ahora, no permite otra cosa; o hasta proponer una mirada a mediano plazo para que si la cosa mejora, la Provincia les otorgue un incentivo. Muchas veces la Corte Suprema de la Nación decide con este tono realista. Los argumentos de Peralta no son un “papelón”, como tantos lo definieron. Pero a segunda y tercera vista sí peca de oír una sola campana y excederse en argumentos constitucionales para un nudo que, como tantos otros, se puede desatar con paciencia y buena voluntad.
Es preocupante el coro de políticos valletanos que desacreditaron la sentencia, sin siquiera haberla leído. Es hasta esperable del gobernador Mario Das Neves, porque es un animal político en campaña permanente que gusta de las definiciones arriesgadas. Hace 6 años que se mira de reojo con el Superior Tribunal de Justicia. Pero otros laderos –algunos que hasta provienen del riñón judicial- se apresuraron en castigar a los gritos a los magistrados sin miramientos y argumentos copiados de la derecha más recalcitrante, que en el sur también existe. Después que no se escandalicen por los malos ejemplos institucionales que difunden los medios ni se pregunten por qué tantos jóvenes no respetan ni policías ni jueces. Es en estos momentos cuando hay que ser razonable y hasta pedagógico.

El amparo lleva derechito a la inseguridad: no trabajan y quieren cobrar más. Ninguna estadística marca que el delito haya crecido explosivamente en Chubut. Pero es rigurosamente cierto que, al menos en el Valle, los jueces tienen tendencia a la excarcelación. No se trata de garantistas: es norma que para el sistema penal la cárcel es la excepción, el último recurso hasta demostrar la culpabilidad. Pero varios atrapados in fraganti ya cargan con un mínimo de 5 causas y el Código Penal habilita dejarlos en prisión. Ahí es donde los problemas se encadenan: no hay lugares de alojamiento y la Alcaidía de Trelew es un modelo medieval. En una semana un interno simplemente se trepó al paredón y se fue; horas más tarde los muchachos casi terminan un túnel de 10 metros para ver la luz del sol en las fiestas. Episodios así sobran. Los jueces saben estas cosas y ninguno se expone gratis al jury que pueda iniciarle, por caso, un defensor.
Ese Código y sus cambios los votó la mayoría peronista en Legislatura, con sus defectos y virtudes. Pero hay pocos diputados provinciales que entiendan el problema en toda su profundidad. En charlas privadas muestran la hilacha y no están dispuestos a admitir las fallas del Poder Ejecutivo: la culpa es de la interpretación en tribunales; de Nación que no manda la plata para hacer los prometidos complejos penitenciarios o, como mucho, de la Policía. Como sea, el nuevo procedimiento les cargó el trabajo a los fiscales, que aún son muy pocos. En promedio, hay casi 300 expedientes abiertos por fiscal. Comodoro Rivadavia sabe lo que cuesta cubrir esos cargos. ¿Por qué? Adivinó: los candidatos creen que los sueldos son bajos. La serpiente se muerde la cola.
Otros episodios inéditos develan hijos no deseados de las innovaciones recientes. Por caso, que se pueda ser policía sin el secundario terminado, debido a la escasez de candidatos hechos y derechos. En Rawson apareció una bandita hecha de hijos de uniformados. Un alto jefe policial razonó y unió ambas cosas: “¿Qué esperaban si ahora entran a las filas las mismas personas que antes metíamos en la cárcel?”. No es ninguna metáfora.
Algo bueno logró Das Neves. Los ministros del Superior Tribunal eran intangibles y los habitantes de los Tribunales, anónimos. Lograr una entrevista a un juez que quisiera hablar de lo inteligente que es era poco menos que una proeza. Los pinchazos del Ejecutivo les hicieron el aire irrespirable y debieron salir a responder. La gente los conoce un poco más. Los magistrados nunca estuvieron muy acostumbrados a salir a la palestra y, como dice el titular del máximo tribunal, Alejandro Panizzi, a ese poder le cuesta construir poder y hacerse respetar sin subordinarse a políticos y legisladores. No por nada 2009 fue el primer año en que Legislatura rebotó el presupuesto judicial. Esta gestión creó la Sala Penal -¡que risiblemente iba a resolver el atraso en las causas!-, y desplazó a Eduardo Samamé con un juicio político que no terminó porque la apelación puede dar un dolor de cabeza de un momento a otro.
En cuanto a la cabeza de la Justicia, Panizzi cree de corazón que no hay que hacer aquello de lo que no se pueda hablar luego. Por eso es un hombre que le da títulos a la prensa. No dudó en dejar su despacho y salir a la vereda para escuchar los reclamos de casi 300 comerciantes de Rawson que le fueron a pedir explicaciones cara a cara por la seguidilla de robos en la capital. No sólo se hizo respetar sino que los conformó con su respuesta. Y no dijo nada que no diga antes: el doble discurso no es lo suyo. No estaba previsto pero los vecinos caminaron 50 metros más y se quejaron, quizás más fuerte, en la Legislatura. Un buen dato.

Pero 2010 no será un año fácil: el presidente será Daniel Caneo, el menos afecto de los ministros al contacto con la prensa. Cercano a la doctrina de que los jueces hablan por sus fallos, no cree que sea tan importante salir a dar explicaciones públicas. Quizás por eso nunca dio su versión acerca de la polémica Ley de Porcentualidad: fue quien la firmó en nombre del Superior en un evento aplaudido por todas las partes aunque hoy parece que nadie estuvo allí. Habrá que alquilar balcones cuando alguien le empiece a pegar. Vienen momentos de estrechez económica y ese entredicho está garantizado.
Hay que esperar el 10 de diciembre, el día amagado para que Das Neves encabece una jornada de protesta a tribunales. De hacerse sería tensar al máximo los límites institucionales y merecería reescribir la Educación Cívica que nuestros chicos aprenden en las escuelas: que los responsables de la prevención se quejen porque los delitos ocurren. Hay antecedentes con alguna marcha en Trelew de la que incluso participó el jefe de la Policía, Juan Ale, ante la azorada vista de sus subordinados, que en la Escuela de la fuerza aprendieron otra cosa. El discurso oficial se monta en esa culpa y la invierte ante la comunidad. Visto lo que pasa en Rawson, no parece que dé tanto resultado. Es más que un botón de muestra: la capital era la ciudad más tranquila y en cuestión de horas hizo echar a su comisario y charló con un ministro de esos que no salen a la vereda, que hasta debió explicar a los gritos quién era.
La histórica Megacausa; la presunta extorsión de la Unión Obrera de la Construcción; la reactivación de los casos Gangeme y Espinosa. La lista es breve pero fuerte simbólicamente. Podría incluir varios otros casos que en el Valle se resolvieron con investigación y condena en apenas meses. Como no conviene, no son los ejemplos que se usan cuando hay que castigar a los magistrados. Pero es claro que cuando por enorme casualidad el poder político conjuga intereses con el sistema judicial, el resultado demuestra que en una provincia en relativa buena condición las cosas se pueden hacer. Sería ingenuo suponer que no se contagien intereses. No es corporativo, casual ni snob que otros poderes judiciales quieran copiar el flamante sistema chubutense, elogiado hasta el hartazgo en ese ámbito. Tampoco que otras legislaturas sólo se hayan interesado en estas pampas por su tremendo edificio nuevo y no por su contenido intelectual.
Los procesos son más rápidos y hay un poco más de Justicia que en la gestión de José Luis Lizurume. Pero el problema de la seguridad no se resolverá en esta gestión, por inversiones que se hagan. Los pibes chubutenses que juegan a la vida y a la muerte nacieron en los infaustos ´90; al menos en el Valle, muchos jamás vieron trabajar a sus padres, por un retroceso económico que redujo las fábricas del Parque Industrial a su mínima expresión y puso en riesgo la existencia misma de la ciudad. Otros vieron a sus familias hundidas en el alcohol. La deuda social es enorme, preexiste y sigue allí. La dirigencia no admite que los resultados de la formidable inversión en educación y acción social se verán a mediano plazo, como tampoco se vieron de inmediato los resultados de la desinversión.
La sofisticada anécdota la contó alguna vez Mariano Grondona: un inglés y un argentino son vecinos y riegan el césped a la misma hora. Pero el pasto del inglés es más verde y fuerte. “No lo entiendo –se queja el otro-. Regamos la misma cantidad, a la misma hora y con la misma agua”. La respuesta del inglés: “¿Sabe qué pasa? Yo lo riego hace ya 100 años”. En seguridad, estamos empezando.
   
 
 
 
INICIO  
INFORMACION
Noticias
Informes
Videos
Guías del Mar
Dónde ir
Lugares
SERVICIOS
Soy usuario
Comentarios
Encuestas
Tu historia

Noticias en tu e-mail
LA RADIO
Programación
Quiénes somos
Publicidad
Contacto
Hacemos la web
© 2008 FM del Mar
Todos los Derechos
Reservados y Registrados