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| El fantasma de la violencia política |
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| La violencia política siempre estuvo allí, contenida por un tejido de acuerdos múltiples: algunos laborales, otros corporativos; algunos tácitos e informales, otros firmados y sellados. Hasta ahora nadie había tirado la primera piedra porque la gestión solía tener a mano un buen oficio que apagara las ansiedades cuando todo parecía estallar por los aires, como esos policías que negocian rehenes contrarreloj. Ya no es así: las vallas en la Casa de Gobierno son una postal habitual y nunca desaparecen. Si el corralito más temido no está armado, su esqueleto se apoya sobre las paredes de la Residencia Oficial, para tenerlos a mano si la cosa urge. |
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El gobernador Das Neves se apuntó un poroto cuando identificó el inicio de los conflictos contantes y sonantes en Chubut con aquella visita de Néstor Kirchner a Puerto Madryn. Su versión de la historia es que ese aterrizaje fue la punta de lanza que terminó de envalentonar a los que se mordían la lengua por enfrentar a la gestión. La aparición de K los avaló, o eso entendieron. El archivo registra un síntoma aún anterior: la semana que las 62 Organizaciones, desde Comodoro Rivadavia, exigieron el 33 por ciento de las listas de candidatos. Nombres como Norberto Yauhar, Javier Touriñán, Néstor Di Pierro o Carlos Eliceche aún no eran exonerados, pero los gremios ya se atrevieron a esa amenaza. A la par que beneficios, la reactivación económica hace más fuertes a sus líderes. Con lo justo, el dique de contención oficial desactivó esa hipótesis de conflicto y evitó una interna.
No hacen falta balas para que la violencia política muestre su cara. El primer grande en despegarse fue el Sindicato de Luz y Fuerza, que a fuerza de durísimas solicitadas cruzadas acusó al Gobierno de ejercer “poder sin verdad”. De mentir, bah. Y dejó fuera de sus filas a su ex afiliado y secretario de Trabajo Jerónimo García, que de a poco asumió su papel como armador de Das Neves 2011. Esta tensión no se hizo carne en las calles pero en el Valle sí hubo varios cortes de electricidad en días sin viento ni lluvia. Dejar sin luz a más de 150 mil vecinos mientras juega River o Boca es una señal que no admite tantas lecturas. Las huestes de Héctor González tienen caja propia y capacidad de daño. No necesitan mucho más y más que sobreviven en su estado actual, divorciados de Fontana 50.
Luego fue el turno de la Unión Obrera de la Construcción y de su inefable líder valletano, Mateo Suárez. En 2008 una ferocísima golpiza dejó al borde de la muerte a Manuel “Peluca” Ruiz y a Jorge “Pitoto” Araujo, dirigentes de los desocupados que pedían empleo para los suyos en la doble trocha Trelew-Madryn. El expediente tiene evidencias muy difíciles de desmentir acerca de la responsabilidad de la cúpula gremial, que no gusta de las intromisiones en su bolsa de trabajo. Si hasta hubo un acuerdo económico –casi un reconocimiento de autoría- que compensó el reclamo civil pero no detuvo la investigación penal, a cargo del jefe de fiscales de la ciudad portuaria, Daniel Báez. Este funcionario no termina de entender por qué es tarea ciclópea sacarle los fueros sindicales a Suárez para sentarlo en el banquillo.
Este año las fuerzas especiales de la Policía debutaron desalojando de la ruta a Pirámides a los líderes de la UOCRA, que reclamaba por el parate de la obra de pavimentación en ese punto clave para la circulación turística de cientos de vehículos diarios. Apenas salidito de la cárcel, Mateo admitió que los habían tomado por sorpresa pero advirtió: “La próxima vamos a venir mejor preparados”. Cumplió con creces: en cuestión de días hubo balaceras, palos y bombas molotov en Trelew, Madryn y Comodoro entre facciones internas de los albañiles, en muchos casos a metros de escuelas. Sólo por casualidad y centímetros no hubo muertos. El Gobierno no ayudó con paños fríos: de “delincuentes” para arriba les dijo de todo y puso en duda el cómo habían construido sus patrimonios. Creó su propia bolsa de desocupados con un registro oficial y los denunció en Tribunales por coimeros.
El problema es que los empresarios de la construcción no se atreven a decir si les cobran peaje. No son tontos: es que si la tormenta pasa, los muchachos se acordarán quién habló y quién no. Otro tanto material dejó la visita de Kirchner a Comodoro, con el papel impune de los “dragones” y los disparos a mansalva para el local del Nuevo Espacio. Es probable que haya sido necesario un pacto para que ese acto se hiciera de una vez y punto. Un “Ezeiza” en el sur chubutense no le convenía a nadie.
Se escribió mucho sobre el enfrentamiento entre el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos y la Policía en Rawson. Hay que ponerse de acuerdo en un par de cosas sobre las que la mayoría coincide: no fue común la presencia de tantas fuerzas antimotines vigilando esa famosa reunión; y aunque no es dable afirmar así porque sí que hubo represión, cualquier uniformado de experiencia sabe y dice en privado que los cuerpos especiales son tiburones oliendo sangre, y no tienen empacho en acudir a los palos. Quien convoca a esos encapuchados cree que los necesita y sabe el riesgo que corre: no se caracterizan por su selectividad para desbandar a los manifestantes, justamente porque no son el policía común de la esquina. Y es cierto que muchos rawsenses fueron golpeados sólo por caminar por la zona crítica en el momento equivocado. También es probable que hayan sido convocados justificadamente, por una inteligencia previa que haya anticipado posibles incidentes.
Otra cosa cierta es que el conflicto dura ya 60 días largos. Y los marineros sin trabajo acamparon en la vereda de la Municipalidad de Adrián López durante al menos 2 semanas. Nadie pudo destrabarlo y nadie llamó al celular del subsecretario de Pesca de la Nación hasta que el nudo no fue verdaderamente indescifrable. El diputado radical por Puerto Madryn Carlos Díaz, un tipo razonable y no un tirabombas, advirtió en Legislatura que ya hay 2 mil despedidos en el sector y que sólo en Rawson, quedan 2 fábricas trabajando de siete. La política errática pesquera será un debe de esta gestión, junto a la seguridad. La sensación es una de dos: o es un conflicto privado que deben resolver las partes, o el Estado, si interviene, interviene a fondo y ejerce su autoridad. Cómo vamos, la paz social que se firmó hace unos meses es un chiste desagradable. La nada de nada es violencia simbólica y se paga caro. “Violencia es mentir”, cantan los Redonditos de Ricota.
Como presuntamente esa noche halló una camioneta repleta de piedras, molotov y otros arsenales, el Gobierno dijo que al episodio lo armó Yauhar. El ex jefe de Gabinete opinó distinto y aseguró que fue una “emboscada” hecha y derecha para involucrarlo. Para los conocedores de los pasillos del palacio es difícil creer por completo ambas versiones. Es que entre otras cosas, implica darle demasiado poder de organización a un solo funcionario, por relevante que sea. Es alta la probabilidad de que la torpeza política de un par de ministros haya colaborado para el final que se vio; o que alguno se haya desesperado con el primer petardo y haya preferido huir hacia adelante.
Aunque es confuso atribuir manos negras, alguna facción puso su granito de arena para que un acuerdo inminente trocara en una suerte de cacería urbana. A esta altura del partido es evidente que hay jóvenes Yupanqui con muy buena voluntad pero que no se esperaban estos escenarios de crisis, acostumbrados cómo estaban a la paz de una gestión sobre ruedas. Basta escucharlos argumentar. Algunos ya ni eso: optan por difundir su pensamiento en las redacciones a través de los canales extraoficiales del mail. Pero de repregunta ni hablar.
Un par de días después los marineros marcharon en una ciudad militarizada y cargadísima de tensión y rumores. En una breve reunión con los diputados obtuvieron el compromiso de revisar la Ley de Pesca. El gremio no exige grandes reformas legislativas ni desea poner en riesgo la seguridad jurídica, si es que tal cosa existe en el sector. Apenas sugieren modificar un par de artículos que les de más certeza laboral. Un día después se sentaron con el gobernador Das Neves y se acordó que la CGT hablara más con el Gobierno para sufrir menos. Como sea, pareció que el reclamo del SOMU culminó en el punto donde debió iniciarse.
Hay otros datos de color que antes eran impensables, con actores nuevos y más decididos a vocear lo que flota en el aire: una minimovilización de 20 delegados de la Asociación de Trabajadores de la Sanidad que conduce la pintoresca y eterna Sara Barrera, haciendo barullo en la oficina de Ignacio Hernández; o una fortísima respuesta de la Asociación de Magistrados y Funcionarios casi diciendo que hay funcionarios que se enriquecieron ilícitamente. Apenas rasgos de un malestar sectorial que se multiplica. Curiosamente, la Asociación de Trabajadores del Estado y de la Educación (ATE y ATECh), dos de los gremios históricamente más combativos, parecen haber optado por la paciencia y la negociación, sin sumarse a los griteríos.
En el largo plazo, quizás peor que la violencia política sea la política violenta. Como escuchar al secretario de Trabajo decir que Yauhar “siempre dijo estupideces” o al propio funcionario nacional advertir que “no me callo más”. Inquieta pensar qué maniobras no dichas o información caliente se esconden detrás de esos mensajes de barrio, de personajes que ayer eran colegas en un proyecto y que no dan un paso atrás. Es certeza que las terceras líneas de ambos bandos operan a favor y en contra de los gremios según su conveniencia. No hay sindicato que mueva un dedo para buscar su lugar bajo el sol sin protección o aval de alguna naturaleza. Y los partidos pierden su capacidad de movilización. Alcanza con ver cómo se toma asistencia en los actos oficiales.
Por esta vez no exagera la Unión Cívica Radical cuando advierte que el peronismo está resolviendo su interna a los tiros. Tanto más porque no es imprescindible que participen los dirigentes en las revueltas: los propios caciques sindicales se proclaman peronistas, en nombre de cuyas 20 Verdades arman sus tumberas con paciencia de orfebre. Aquí ya nadie responde con respeto, altura o al menos argumento, ni siquiera entre gente del mismo partido.
Otra caja de Pandora es la Legislatura, que con esmero está llegando a los puntos más bajos de su historia, como para llenar de contenido al nuevo edificio. Descalificaciones personales, insultos propios del Polimodal, amenazas abiertas, chicanas de lucimiento, autoritarismo. Es tremendamente difícil recordar que algún diputado haya escrito algún proyecto de ley relevante de verdad y operativo sin medias tintas. Alguna vez hubo una “Ley Pais”, que aún hoy merece ser recordada así por lo simple y necesaria. ¿Alguien conserva la esperanza de que de este parlamento quede una “Ley Karamarko”, por así decirlo? Nunca este cuerpo estuvo más dividido: son 7 partes que incluyen al PJ oficial, al disidente, al radicalismo, al PACh, al ARI y al PROVECh en sus dos versiones, con y sin Ricardo Astete. En rigor, el recinto reproduce y profundiza las profundas diferencias políticas que ya existen afuera, con la impunidad verbal que conceden los fueros. Un vecino que escuche esas peleas –y no debates- saldría boquiabierto por la improductividad de esas bocas que alimenta.
Así las cosas, las aguas no están tranquilas como entonces. Lo que eran arrebatos de excepción son regla y la autocrítica una daga que nadie se clava ni cayendo encima. Hará falta muchísima prudencia para evitar problemas más graves en la provincia durante el 2010.
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