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| Combustibles: los precios suben y las provincias ceden ingresos |
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| Los precios de los combustibles en la Argentina son materia de compulsa entre quienes reclaman un alineamiento con el mercado internacional –expendedores de combustibles y petroleras integradas, es decir las que producen y refinan crudo- y una política que ha intentado mantener a los surtidores locales ajenos a la evolución de lo que pasaba en el mundo. El resultado teórico de esa estrategia debería ser un mercado de precios estables, al aislarse de los vaivenes experimentados a nivel global. Sin embargo, un simple ejercicio de quienes deben cargar el tanque de combustibles demuestra cómo las subas “hormiga” en surtidor han llevado los precios hasta niveles muy superiores a los de hace do s años. Si el tanque de un vehículo mediano podía llenarse con menos de 100 pesos, hoy esa cifra queda largamente superada. |
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El planteo no entraña sólo un reclamo de consumidores, sensibles siempre a toda suba del mercado, sino que contradice uno de los argumentos por los que ha fracasado el reclamo de las provincias petroleras para que se eleve el precio de referencia del barril de crudo en el mercado interno.
Por esa vía, las provincias productoras aspiraban a comenzar a recuperar algo de los 30.000 millones de pesos no cobrados en regalías, desde el año 2002 en adelante, por efecto del congelamiento de aquellos valores de referencia.
Aferrado al humor de los consumidores, la argumentación del Ministerio de Planificación Federal ha girado invariablemente en torno a que dicha modificación provocaría subas importantes en los precios de los combustibles; incluso se llegó a especular con aumentos importantes, de entre 15 y 20 por ciento.
Sin embargo, el mercado ha seguido su propia lógica, demostrando que la incidencia del precio del crudo en la conformación final de la tarifa de combustible no es directamente proporcional. Dicho en otros términos, no necesariamente una suba en el precio del barril debe provocar grandes saltos en los valores del surtidor.
30 por ciento en dÓlares
Un argumento que han planteado los técnicos provinciales en la mesa de discusión con el gobierno nacional apuntó precisamente en relación a los incrementos de precios de naftas y gasoil en los últimos dos años y, en especial, desde la vigencia de la Resolución 394. En noviembre de 2007, esa norma fijó las retenciones móviles a la exportación de petróleo crudo y estableció, como referencia, un precio determinado para los combustibles. Desde aquel punto hasta la actualidad, sin embargo, ha habido subas que superan el 30 por ciento (tomando valores en dólares), en una carrera que superó incluso las variaciones de la cotización de la moneda norteamericana, que en el mismo período evolucionó un 17 por ciento.
Esto hubiera sido fundamento más que suficiente para contrarrestar los temores de que una variación del precio del barril, del orden del 12 por ciento (tal era el impacto de los cinco dólares solicitados), no debería haberse traducido en impacto de tarifas.
Por otro lado, las petroleras con capacidad de refino han intentado en ese período acortar la brecha entre sus precios y el mercado internacional, ya que en ese plano los valores han sido mucho más elevados que los que rigen en el país.
Al mismo tiempo, la posición de los expendedores de combustibles en busca de alinearse con otros países de la región, como vía para mejorar sus ingresos, ha sido un factor de presión que ha fue moviendo también la rueda de los precios.
Sin embargo, como claramente habían expresado los técnicos de las provincias en una de las reuniones mantenidas con Nación, ha habido una fuerte transferencia de ingresos desde los Estados productores (que percibieron menos regalías a raíz de precios más bajos) hacia las operadoras integradas, encabezadas por YPF como principal compañía del país.
Argumentos europeos
Por otro lado es interesante observar también el comportamiento del precio de los combustibles en tiempos de subas y bajas del precio internacional del petróleo. En 1998, cuando la cotización cayó a valores ínfimos y cercanos a los 11 dólares por barril, desde la conducción YPF se argumentó que no era posible bajar los precios de las naftas. Esto tenía su razón en que el componente del petróleo representa menos del 10 por ciento en la estructura de tarifas de los combustibles, siendo el factor impositivo el de mayor impacto, por encima del 50 por ciento.
Es dable esperar que diez años después aquella composición no haya cambiado, de allí que tampoco se explica el fracaso de las negociaciones para un mejor precio del crudo que, por otro lado, implicaría la posibilidad de reactivar niveles de actividad que hoy demanda la cuenca del golfo San Jorge.
Un documento de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos, de noviembre de 2009, se detiene a explicar la misma cuestión. Bajo el título “Cómo se forman los precios de los carburantes”, el trabajo explica:
“Los precios de los carburantes no tienen una relación directa con la variación del barril de petróleo ya que el crudo hay que refinarlo y de él se extraen diferentes productos como la gasolina, el gasóleo y los lubricantes, entre otros. Por lo tanto hablamos de mercados diferentes. En el precio de los carburantes lo que influye es: el precio del gasóleo o gasolina en los mercados internacionales al por mayor que no es el mismo que el del crudo y los impuestos, que representan en torno al 50% del precio final que se paga en las estaciones de servicio”.
Y añade el trabajo de índole técnica:
“Por ejemplo, suponiendo que se produce una subida del 25% del precio de la materia prima en origen (combustibles, no barril de crudo), el precio del litro en el surtidor aumenta únicamente un 10%, ya que hay también otros gastos fijos (transporte, comercialización, reservas…) y, sobre todo, los impuestos, los que determinarán el precio final. Por ello es erróneo que realicemos una comparación entre las variaciones del coste del petróleo crudo y el precio que pagamos en las gasolineras, así como que la traslación se produzca en el mismo porcentaje, ya que las cantidades de partida no son homogéneas”.
De este lado del Atlántico, mientras tanto, se dan los mismos factores, lo que explicaría por qué los combustibles no han dejado de subir aun cuando el crudo experimentó fuertes bajas en el mercado internacional durante la segunda parte de 2008 y comienzos de 2009.
No obstante, la argumentación del Ministerio de Planificación Federal ha sido hasta ahora monolítica frente a los pedidos para modificar los valores de referencia del crudo y el gas, instrumentos esenciales para reactivar las cuencas hidrocarburíferas del país. En el marco de los últimos cruces políticos parece más difícil avizorar cualquier tipo de acuerdo en ese plano.
Mientras tanto, los precios de los combustibles seguirán creciendo y las provincias productoras continuarán entregando parte de una renta que les corresponde, además de afrontar los problemas sociales que supone tener a miles de trabajadores amparados por un subsidio que, como se sabe, llegará hasta el 31 de diciembre próximo. |
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