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| Cuenca San Jorge: la ¿última? joya de la abuela |
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| Si Comodoro Rivadavia dio inicio al origen de la actividad petrolera y gasífera en la República Argentina, un 13 de diciembre de 1907, más de 100 años después la región de la cuenca del golfo San Jorge sigue entregando algunos de los últimos indicadores positivos de un mapa energético por demás adverso para el país. Es que –según datos oficiales- ésta es la única cuenca que ha mostrado crecimiento en sus stocks de reservas y volúmenes de producción a lo largo de la última década, mientras que a diciembre de 2009 la región alberga el 61 por ciento de las reservas petroleras del país. En un país al que debe dolerle más de 14,5 millones de personas que dependen del gas en garrafas para afrontar el invierno –pagando cinco veces más quienes acceden a redes domiciliarias -, el desafío es hallar el camino para proyectar la buena performance lograda en la zona. Y determinar además cuál es la estrategia nacional para que la energía llegue en forma equitativa a familias, industrias y diversas regiones, ya que en ello juega la chance de desarrollo de áreas densamente pobladas y severamente postergadas. |
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Los datos de la Secretaría de Energía de la Nación reflejan que las reservas totales de gas en el país cayeron a menos de la mitad de las que había en el año 2000, acumulando una pérdida del 51 por ciento.
En materia de petróleo, las reservas cayeron un 16 por ciento en el mismo lapso, considerando la totalidad de las cuencas productivas del país. Los datos fueron sistematizados en un reciente informe del Instituto Argentino de la Energía “Gral. Mosconi”.
A ello se suma la caída en los volúmenes de producción que se viene registrando en los últimos diez años y que remarcarán el rojo a lo largo del corriente. Argentina produjo en 2009 un 7,3 por ciento menos que en el año 2004, que fue el de mayor producción histórica. Y un 16 por ciento menos de petróleo que en el año 2000, tras alcanzar el pico de producción en 1999.
La situación se agrava al considerar que el 52 por ciento de la matriz energética del país depende del gas, que es utilizado no sólo en calderas fabriles, sino también en la generación de electricidad a través de turbinas que se alimentan con ese fluido.
En la actualidad el déficit está dado entre una capacidad de producción diaria del orden de los 120 millones de metros cúbicos, contra una demanda de alrededor de 140 millones metros cúbicos por día, lo que obliga a la creciente importación de gas, tanto desde Bolivia –cuya producción tampoco alcanza para satisfacer la demanda causada por el déficit argentino- y a través de buques que traen al país gas natural licuado (GNL), el que es reprocesado en Bahía Blanca para transformar desde el estado líquido al gaseoso e inyectarlo a los ductos correspondientes.
Evolución positiva en San Jorge
En ese contexto, los datos oficiales muestran en la cuenca del golfo San Jorge una tendencia contraria a la del resto del país. Según advierte el informe del IAE, el efecto conjunto de la caída de las reservas en las Cuencas Noroeste, Neuquina y Austral ha resultado en una disminución de las reservas de gas –considerando el período 2005/2009- de un 16 por ciento; en el mismo lapso, la cuenca San Jorge incrementó su stock de reservas en un 25 por ciento, lo que al considerarse la variación ponderada –equivalente al impacto de las reservas de esta cuenca sobre el stock de las demás cuencas- se transforma en un aporte positivo del 2 por ciento.
Vale poner en contexto las cifras: el aporte gasífero de esta región –Cerro Dragón entrega alrededor de 9 millones de metros cúbicos de gas por día- es marginal frente a los volúmenes que manejan otras zonas (vale recordar que la principal cuenca gasífera de la Argentina es la Neuquina) y frente a la demanda total diaria del país (situada en alrededor de 150 millones de metros cúbicos por día).
Sin embargo, no deja de tratarse de una referencia más que importante y, de hecho, por ese aporte la caída total se achicó en dos puntos porcentuales, quedando en un 14 por ciento.
La pregunta que cabe hacer, como se dijo al comienzo de esta columna, es si lo actuado en esta cuenca –y particularmente en Cerro Dragón, a través de un sistema de operación impulsado por Pan American Energy- puede ser pasible de transpolar a otras cuencas, como la Neuquina. YPF ha decidido lanzar un programa de exploración de yacimientos no convencionales en aquella zona (con una fuerte declinación desde el año 2004), por lo que resta ver si el esfuerzo de inversión reportará un resultado que revierta una tendencia que cada vez se acelera más hacia la dependencia del gas importado.
En el renglón del petróleo, la cuenca San Jorge ha consolidado aún más su posición de liderazgo. A diciembre de 2009 es la cuenca que concentra el 61 por ciento de las reservas petroleras, a partir de las incorporaciones de nuevas áreas productivas en Cerro Dragón, desde el año 2006. Dicho incremento tuvo un impacto favorable en las reservas totales del país de un 18,7 por ciento, lo morigeró la caída en las demás cuencas (que disminuyeron casi un 5 por ciento entre 2005 y 2009). Como consecuencia de las reservas sumadas desde el yacimiento chubutense, las reservas totales del país tuvieron un incremento global del 14 por ciento en los últimos cinco años.
Se trata, en suma, del yacimiento más rico del país, potenciado por inversiones y perforación de nuevos pozos –no hay mayores secretos en el negocio petrolero- y que hoy se constituye en referencia insoslayable a la hora de replantear lo que puede deparar la geología de los yacimientos maduros del país. Con condiciones políticas y distorsiones de mercado que han afectado por igual a todas las áreas, hoy la cuenca San Jorge –particularmente en su zona norte, ubicada al sur de Chubut- es la única que puede mostrar una evolución positiva en el decadente panorama energético del país.
No alcanza, obviamente, para resolver los problemas de la distribución de gas y la postergación de millones de argentinos que carecen de las redes domiciliarias –el acceso a este insumo no fue garantizado ni siquiera cuando el país batía records de producción-. Pero es un indicio, un punto de partida para proyectar estrategias que la Argentina debe plantear si pretende asegurar la energía para sus habitantes y el crecimiento armónico de su economía.
Mientras ello ocurre, sería conveniente cuidar con celo a la última joya de la abuela. |
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