Por qué debe subir el precio de referencia interno del barril de crudo
Mientras más sube el precio internacional del crudo, menos valor se recibe por el crudo de la cuenca San Jorge. La aseveración escuchada en ámbitos de la industria petrolera regional parece un contrasentido, pero explica parte del reclamo que hoy han resuelto trasladar en forma conjunta el gobierno provincial, operadoras y el sindicato petrolero Chubut ante el gobierno nacional. Para pasar de 42 a 48 dólares habrá que ver cómo se conjuga la ambición presidencial del gobernador Das Neves con el poder que aún conserva el ex presidente Néstor Kirchner sobre el Ministerio de Planificación Federal.
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Hay un reclamo reiterado que, por lo mismo, se torna casi despojado de análisis. ¿Por qué las operadoras reclaman un precio de referencia más alto para el mercado interno, elevando el techo “congelado” en 42 dólares por barril?
En principio, porque en la práctica de mercado las operaciones se cierran por debajo de ese valor. Según suele referirse en diversos ámbitos, a los 42 dólares la compañía que produce el petróleo debe restar el 12 por ciento de regalías, por lo que se deducen 5 dólares por barril. Luego se restan otros 6 u 8, a raíz de la penalización por calidad. De este modo, la banda de pecios puede ubicarse alrededor de 30 dólares por barril.

El reclamo no es para obtener rentabilidad, ya que las operadoras no se encuentran en situación de pérdida. Pero apuntan a elevar sus ingresos, a fin de dar más sustento a sus propios planes de inversión, que al mismo tiempo deben ser refrendados por accionistas que no emiten aprobación si los resultados financieros no son los esperados.
En esa misma línea argumental, se menciona también que cuando más se eleva el precio internacional, más se perjudican las productoras de crudo. Esta paradójica afirmación parece encontrar fundamento en los siguientes factores: cuando la cotización internacional sube, aumentan también las retenciones (móviles) sobre la exportación de crudo. Cuanto más aumenta esa retención, menor es el precio recibido por la compañía que exporta. Como ésta paga regalías sobre precio internacional (en el caso del crudo vendido al mercado externo), debe restar a los 42 dólares el equivalente a regalías. Por ejemplo, si ayer la cotización del crudo era de 65 dólares por barril, a su ingreso se aplica una quita de 7,8 dólares, tomando como referencia los 42 dólares. Esto resulta en un valor de 34 dólares, a lo que otra vez debe aplicarse el descuento por penalización, por lo que el ingreso termina ubicándose en el orden de los 28 dólares por barril. Si el crudo llega a 80 dólares en el mercado internacional, el equivalente de regalía implicará una deducción de 9,6 dólares, los que se quitan sobre los 42: así se llegaría a una banda de 32 dólares, que con el descuento que sufre el crudo Escalante puede llegar hasta los 25 dólares por barril.

Puede plantearse con razón que el ejemplo arriba mencionado no es para la generalidad de los casos, ya que la mayor parte del petróleo producido en el país y en la cuenca se destina al mercado interno. Sin embargo, también es cierto que las condiciones del mercado interno se ven influidas por las variables internacionales y el régimen de retenciones: si la opción es exportar para lograr un ingreso de 30, ó 25 si la cotización internacional sube aún más, la puja entre la oferta y la demanda del mercado interno gira en torno a estas cifras y no sobre los valores que muestra el WTI.
En esa pugna, se encuentran en una posición más fuerte las compañías refinadoras, frente a las que sólo se dedican a la producción de crudo, pero no lo refinan.

Ahora bien, la pregunta es si las compañías petroleras pierden con un ingreso de 25 ó 30 dólares por barril. La respuesta es seguramente negativa (no se conocen balances con números en rojo en los últimos años), pero no puede obviarse que tales compañías buscan lograr la mayor renta posible. Para llegar a esta despojada conclusión tampoco puede perderse de vista que hubo un país que en base a un proyecto político hegemónico, con el necesario consenso social, decidió desregular un recurso estratégico como el petróleo y someterlo a las reglas del mercado, que son las que, aun con intervenciones que en muchos casos terminan generando distorsiones irreversibles, están operando en el marco actual.

Antes de su abrupto final y en medio de las altisonantes frases que intercambió con la esposa de Sebastián Eskenazi, Néstor Di Pierro dijo algo que no suele ser parte de la agenda de discusiones: puso el énfasis en el costo del barril de crudo, arriesgando que su producción en la cuenca se ubica en el orden de los 15 ó 16 dólares. Luego, según esa tesitura, todo ingreso deviene en ganancias para el operador.
Desde la industria suele refutarse ese tipo de argumentos y se anteponen las proyecciones de costos vinculadas a insumos importados (y dolarizados), crecimiento del componente de mano de obra y las necesarias inversiones para exploración y reposición de reservas (que a nivel país siguen cayendo, aunque Chubut tenga números para mostrar en positivo), además del sostenimiento de inversiones indefectibles para mantener la producción.

Sería importante, dada la oportunidad de esta profunda discusión, que tales argumentos formen parte de la mesa de discusiones y que aquellos objetivos legítimos para la región, tales como recuperar niveles de empleo genuino en base a objetivos de producción sustentable, puedan basarse en números claros y estructuras de costos vinculadas al impacto económico en la región.
Ese debate será importante, sobre todo, porque si no se cumple la expectativa de elevar el precio del barril de 42 hasta alrededor de 48 dólares, comenzarán a caerse los plazos para recuperar empleo y la incertidumbre será aun mayor para quienes hoy trabajan la mitad de los días del mes. Si hay incendio, será importante saber cuáles son los focos ígneos más plausibles de encenderse y, en todo caso, vislumbrar matafuegos o salidas de emergencia.

Por último queda por ver la incidencia del componente político en el marco de esta discusión. Porque si bien representantes sindicales y empresarios, junto a autoridades políticas provinciales están de acuerdo en el reclamo a llevar ante Nación, es el Ministerio de Planificación el que tiene la llave para destrabar el reclamo. Y en ese plano, hay que ver el impacto de las tensionadas relaciones entre el gobernador Das Neves y el ex presidente Kirchner. Como dijo Mario, el petrolero: “que la pelea entre Mario (el gobernador) y Néstor (el esposo de la Presidenta) no nos haga perder de vista el objetivo de recuperar la actividad petrolera”.
   
 
 
 
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