Pesca: crisis global con condimentos propios
La situación de la pesca en la región afronta causales externos y propios. Entre los primeros se cuentan los efectos de la crisis internacional, que se plasmaron en una caída de la demanda de los mercados de exportación como también en los precios. Entre los factores internos, diversas visiones sitúan el origen en el plano vinculado a los costos (laborales e insumos) como también en la sucesión de medidas políticas que no han logrado revertir una situación que se arrastra desde la década del 90. Desde el ámbito gremial, por su parte, se cuestiona al sector empresario por no haber diversificado su producción en tiempos en que la rentabilidad justificaba probar nuevos mercados.
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En Comodoro, de un total de 1.200 trabajadores que se desempeñaban en plantas procesadoras en tierra hasta hace dos años hoy se contabilizan 620. Esa reducción de puestos laborales está dada por la caída de actividad y cierre o retiro de empresas, tales los casos de Barillari y Arbumasa, además de una paulatina reducción de actividad de las firmas que sobreviven en la zona.
Las estadísticas de descargas del puerto también reflejan esa menor actividad. Si en al año 49.670 toneladas de pescado fresco, más otras 2.624 toneladas de pescado congelado, en 2008 esa cifra cayó a 29.171 toneladas de pescado fresco. Vale recordar que éste es el que genera empleo en tierra, mientras que la descarga de congelado el año pasado subió a 4.632 toneladas. Entre enero y junio de 2009, los registros muestran sólo 7.295 toneladas descargadas.
A nivel provincial, empresas que han presentado procedimientos de crisis en la primera parte del año pusieron en evidencia los cimbronazos de un mercado internacional afectado por la crisis internacional. Hubo no sólo menor demanda, sino también falta de pago de embarques remitidos a Europa, que en muchos casos implicaron plazos de 90, 130 y hasta más de 180 días, lo cual tornó aquí inviable la situación.
Sumado a ello, el propio comportamiento del Estado nacional a la hora de liquidar los reintegros de exportación, con demoras de exagerado plazo pero sin posibilidad de compensar acreencias del sector empresario (por ejemplo, las cargas sociales) fue empeorando una ecuación que no admitía otro resultado que el ahogo financiero.

CaÍda de exportaciones

Según datos del SENASA, el volumen de exportaciones de pescado cayó entre enero y agosto de 2009 más de un 20 por ciento, en relación al mismo período de 2008. No sólo hubo menos tonelaje, sino que éste se vendió a un precio inferior, ya que en montos cayó desde 793,8 millones de dólares en los ocho meses de 2008 a 692,7 este año.
“Algunos se preguntan por qué hay crisis en la pesca, pero se olvidan que en el mundo hubo una hecatombe en los mercados –dijo una fuente vinculada al sector pesquero y portuario-. Además de los problemas del mercado internacional, se suman los inconvenientes propios del mercado interno”.
En muchos casos, las ventas externas se concretaron y no se cobraron. En otros, hubo embarques completos que volvieron desde Brasil, como pasó a fines del año pasado cuando la crisis financiera arreciaba y mostraba sus peores efectos.
Un empresario del sector reflejó que por cuestiones biológicas y por falta de cupo, en un período de 50 días pudo trabajar sólo algunas horas en su planta. “Con un costo fijo que sólo en sueldos garantizados es de 400.000 pesos mensuales, más los insumos de energía y los impuestos, es imposible sobrevivir así”, graficó.

Cupos y cuotas

Muchos de los problemas planteados por empresas que se dedican al procesamiento de merluza, especie que es posible procesar en tierra para agregar valor y por lo tanto implica mayor generación de trabajo, están dados por la falta de cupos de captura. Estos establecen un tonelaje máximo de pesca para todo el año y se distribuye por empresa. Como la situación biológica del recurso se encuentra en retroceso respecto de años anteriores, en los últimos períodos el cupo se ha achicado sensiblemente, por lo que muchas empresas concentran su actividad de pesca sólo en algunos meses del año, quedando paralizadas por el resto de los meses.
Recientemente se anunció desde la Secretaría de Pesca de Nación, conducida por el chubutense Norberto Yauhar, la aplicación de lo normada por la ley Federal de Pesca, referido a la asignación de cuotas individuales de captura por barco. Según aquella ley, que a poco de aprobarse quedó suspendida en el año 1999, por la situación de emergencia del caladero, cada embarcación recibiría una cuota del cupo total, asignada en forma proporcional al historial de captura de cada buque entre los años 1989 y 1996. El sentido de aquella norma era limitar la cantidad de embarcaciones a la existente en el período mencionado, dejando fuera de la actividad a la flota que se hubiera incorporado en forma posterior a aquel año.
Sin embargo, hoy en el sector se cuestiona que la efectividad de la medida y se aduce que muchas embarcaciones que no tenían registrada actividad en el período indicado hoy cuentan con cupos, por lo que se duda respecto de que la mencionada iniciativa pueda reordenar el sector.
“De Comodoro se fue una empresa como Barillari, que tenía 12 barcos y 20.000 toneladas de cupo, entonces esto es algo que se perdió y son posibilidades de trabajo que tal vez ahora estarán en Mar del Plata, pero no en el puerto local”, dijo un empresario del sector.
Hay quienes, sin embargo, rescatan el espíritu original de aquella norma y estiman que la cuotificación implicará dar previsibilidad al sector pesquero, ya que de ese modo cada embarcación sabría cuánto puede pescar por año y las empresas tendrían la posibilidad de planificar con mayor eficiencia sus metas de trabajo.
Desde la empresa Barillari se dijo escuetamente que hay confianza en recuperar la empresa, en tanto se está superando la etapa del concurso de acreedores y no se descarta ninguna posibilidad de volver a producir, si bien se advirtió que habría que buscar el modo de trabajar con menores costos fijos. La figura de pequeñas empresas subcontratadas para realizar trabajos de procesamiento en plantas, como se está haciendo en Mar del Plata, sería una alternativa para esa finalidad.

Costo laboral

Uno de los aspectos mencionados por los empresarios como desencadenante de una suba de costos que ha quitado rentabilidad al sector es el convenio de trabajo vigente en Chubut, que establece la obligatoriedad de que las empresas pesqueras mantengan a su personal en relación de dependencia. De allí que rige la figura del “sueldo mínimo garantizado”, que es la suma fija a pagar a los trabajadores cuando no hay actividad en las plantas.
Desde el Sindicato de la Alimentación, el delegado local Oscar Lapalma enfatizó que no están dispuestos a ceder en esa discusión. “Ya conocemos la experiencia de las cooperativas y la modalidad de fraude laboral que utilizaban antes, pero no estamos dispuestos a retroceder en el tiempo. Los empresarios deberían haber previsto, cuando tuvieron rentabilidad extraordinaria, cómo diversificar sus productos para generar nuevos mercados, porque parece que hoy hay crisis pero se olvidan de todos los años que ganaron: los trabajadores no podemos ser siempre la variable de ajuste”.
Un reciente conflicto por incorporar 400 pesos no remunerativos al haber mensual de los trabajadores del sector tuvo un punto de desacuerdo que mostró otro de los temas en disputa: los empresarios pretendieron condicionar parte de ese incremento al item de “Presentismo”, mientras el sindicato aceptó subordinar sólo una parte del aumento bajo aquella condición. Según suele escucharse en los ámbitos empresarios, el alto ausentismo de trabajadores, al amparo de un convenio que asegura un ingreso más allá de las jornadas de trabajo, ha sido otro de los elementos que, a partir del convenio suscripto en el año 2005, ha restado eficiencia y competitividad al sector.

Pesca ilegal

Hay otro elemento en el sector pesquero que aparece en informes estadísticos pero que no es habitualmente mencionado en el orden de prioridades de los funcionarios. Vale citar aquí parte de un artículo del ingeniero Ernesto Godelman, titular de la ONG Cedepesca (Mar del Plata), en una columna publicada por el sitio especializado FIS (Fish Information & Services):
“La corrupción enquistada en los sistemas de control de muchísimos países ribereños, termina siendo una externalidad negativa más que se agrega a las propias del uso de un recurso común: un negocio ilegal de unos pocos que termina arruinando la vida de muchísima gente que tiene a la pesca como su medio de sustento.
Ello –dice el especialista- es así porque se permite que miles de toneladas de pescado que no deberían ser capturadas se pesquen, se arrojen al mar o entren al mercado mediante diferentes jugarretas sin que consten en ninguna parte. Todo ello representa sobrepesca, y por lo tanto la liquidación del capital natural que da sustento a miles de personas en beneficio de unos poquísimos vivillos. Los Estados, los pescadores y las empresas con visión de largo plazo, no deberían ser tolerantes con esta situación, que afecta su presente y pone en duda su futuro”.
   
 
 
 
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