En su esperadísimo discurso en Legislatura no nombró ni a Perón ni a Evita pero nadie de la militancia se quejó ni lo hizo notar. Sí en cambio recordó a Mario Das Neves y Néstor Kirchner. O sea, de dónde vino y dónde fue. El dato, mínimo pero sólido, muestra el pragmatismo puro del gobernador Martín Buzzi en su primer mes de gestión.
Parece que la ideología, sus definiciones y el folklore justicialistas es algo que por ahora se puede obviar en su conducta. En su estilo de inicio es mejor la real politik, atacar el problema allí dónde esté: en la sequía y la ceniza de la meseta; en el fuego incontrolable de la cordillera; en la poca plata que parece que hay en caja. Si usted quiere, esta lógica funciona hasta para elegir funcionarios.
El sucesor del intenso ciclo dasnevista no se puso colorado para que Blas Meza Evans jure como fiscal de Estado si eso sirve para acercarse un poco más al Frente para la Victoria, aunque el hábil abogado casi le haya birlado el despacho principal de Fontana 50. Parece que Buzzi está decidido a hacer lo que haya que hacer y construir con el material que haya, como si percibiera su debilidad de origen. No puede permitirse dudar.
Le costó horrores armar el gabinete. Muchos le dijeron que mejor que no, otros pusieron demasiadas condiciones y algunos pocos –como Hernán Lorenzino- siempre estuvieron lejísimos, pese a lo que se haya dicho. A la prensa que recorre Casa de Gobierno todavía le cuesta esfuerzo asociar nombres con caras en el gabinete, imagine al vecino de a pie. Muchos municipales comodorenses y mucho trelewenses.
Hay áreas que todavía están en veremos y que son claves para edificar una identidad de gobierno. Las definiciones en torno a Canal 7, que no bajará más la señal de Canal 13, enemigo público del Gobierno nacional, ya le valió a Buzzi algunas críticas de Clarín.
Por lo pronto, su gabinete trata de moverse por toda la provincia mostrando entusiasmo y poco tiempo que perder. Por orden ajena o impropia propia, ninguno mostró especial estrellato y por su pasado, el ministro de Gobierno, Javier Touriñán, parece el de voz más importante.
A esta hora, por dar un ejemplo, parece mucho más pesado lo que diga el intendente Néstor Di Pierro o Yauhar que lo que piense un nuevo ministro.
La jugada más fuerte fue la decisión de revisar centenares de nombramientos del último semestre, que es casi como chocar de frente con las peores mañas políticas contemporáneas. ¿Cuánta de esa gente es militancia honesta y dasnevista que hizo campaña por Buzzi – Mac Karthy y a cambió recibió un lugarcito en la precaria planta transitoria? ¿Cuántos otros en verdad son acomodos políticos que dan genuina vergüenza ajena? Si de verdad los casos se revisan uno por uno, hasta puede que sea justo. Depende de quién haga el punteo. Vale preguntarse qué dejó la fórmula electa en sus municipalidades. Y vale preguntarse qué escenario dejan todos cuando les toca irse.
La inesperada ministro de Economía, Gabriela Dufour, le pone un poco de miel a la verdad y habla de un “equilibrio inestable” en las finanzas chubutenses. El helado caliente, bah. Parece que cada día entra la plata justa y necesaria a las arcas, que además se gasta al toque. No por nada Buzzi dijo que los 150 millones de dólares del fideicomiso serán “reserva de valor” si es que se estrecha el flujo disponible para la obra pública.
Tampoco es por nada que los gremios docentes fueron los únicos que consiguieron algo parecido a una promesa de retoque salarial para este trimestre. El jefe de Policía, Néstor Siri, amagó con un reclamo similar para esa fuerza pero lo retaron fuerte y rápido. No hubo bono navideño, se pagaron los aguinaldos y sueldos de municipios en rojo, como Puerto Madryn, y si alguien habla de aumento al resto de los estatales, es en voz muy bajita.
Qué hacer con el Partido Justicialista es un problema que por ahora Buzzi considera de segunda línea al menos hasta marzo. Negando las discusiones y las internas, el resto de la dirigencia las auspicia porque mira de reojo una estructura que siempre sirve para hacer política.
La presidencia no es una silla simbólica: uno se sienta allí tras ganar una interna o por el consenso de los compañeros de todos los consejos de localidad. Ambas opciones implican que uno es más fuerte que el resto, aunque la primera promete más sangre. El gobernador prefiere asentarse en la gestión y completar sus equipos. Y si de habla de política pura y dura, su mayor esfuerzo será acercarse al planeta K cada día un pasito más. Ahí está la llave del financiamiento. El trabajo es mayor, la recompensa igual.
Un párrafo aparte para César Gustavo Mac Karthy, que parece decidido a ser la sombra de Buzzi, en casi todos los sentidos. Se hizo instalar un despacho en Fontana 50, una anormalidad que quieren hacer parecer normal. Su casa es Legislatura, como todos los anteriores. Ganó impopularidad por ser el ala dura: si alguien en el nuevo gobierno quiere anular nombramientos dasnevistas, es él, alimentado por quién sabe qué enojo. No recibe a los indignados y no logró aún desatar el nudo de los bloques provinciales.
El fallecido camionero José Luis Quintana había dado el primer aviso cuando quebró el bloque kirchnerista junto con el lucifuercista Javier Cisneros. Al parecer la Corriente Sindical no se andará con chiquitas y es síntoma de que cualquier alianza será posible. Con actitudes así, hasta los risueños votos de los radicales Roberto Risso y José Luis Lizurume comienzan a importar. Y eso que al parlamento no llegaron los temas más calientes. Allí, a plena luz del día, se verá la muñeca del vice.
Como sea, los primeros días de Buzzi gobernador están cruzados por los problemas concretos, tangibles, de primer trimestre, como los boletines escolares. No tiene necesidad urgente de más definiciones ideológicas porque las elecciones legislativas están razonablemente lejos, pero sí de mantener a todos conformes, si no contentos. Ya llegarán el debate minero, los servicios públicos en colapso, el voto electrónico. Por ahora, como alguien dijo, la única verdad es la realidad. |