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| Menos petróleo y menos gas, más incertidumbre energética |
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| Mientras los índices de producción de petróleo y gas siguen confirmando que la caída en el país no se detiene, reflejando así la natural declinación de los yacimientos y la ausencia de hallazgos importantes de nuevas áreas productivas, la situación energética del país se encamina a iniciar su segunda década de descensos ininterrumpidos. Según la consultora de Investigaciones Económicas Sectoriales (IES), en los primeros cuatro meses de este año los yacimientos argentinos produjeron 3 por ciento menos de petróleo y 4,9 por ciento menos de gas. |
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Desde 1999, año en que se produjeron los records de producción de petróleo y gas, con precios que por entonces estaban muy lejos de cualquier expectativa cercana a los valores que hoy muestra el mercado internacional, Argentina comenzó la curva de debacle de sus áreas hidrocarburíferas.
Los informes coyunturales desde entonces no hacen más que confirmar en la estadística lo que provoca la geología en combinación con la escasez de inversiones exploratorias. Vale recordar que en la primera década de este siglo Repsol YPF, la principal operadora del país y otrora símbolo de la política estatal petrolera, perforó apenas siete pozos exploratorios. La novedad por estos días la constituye el anuncio de un pozo de estudio en la zona de Gan Gan, al norte de Chubut, además de un nuevo pozo offshore que será el primero en aguas profundas, en la cuenca Malvinas.
Los resultados de esas exploraciones, si es que hubiera indicios positivos como para planificar una explotación a escala comercial, no se reflejarán en lo inmediato ni mucho menos. Por otra parte, no se conocen iniciativas políticas desde la Secretaría de Energía de la Nación como para establecer cuál es la magnitud de este tipo de esfuerzos. Es que en materia de política hidrocarburífera, demasiadas variables parecen más atadas a la planificación estratégica de las propias compañías –en función del interés de sus accionistas o de políticas de marketing destinadas a provocar algún tipo de impacto positivo en imagen- antes que a la fijación de objetivos de fondo para responder a las necesidades energéticas de diversos sectores –como cabría esperar desde los niveles de decisión estatal-.
Así, por ejemplo, será inevitable seguir observando los faltantes de gas en garrafa para las familias más necesitadas; o los cortes de gas a la industria. Paradójicamente, el informe de IES sostiene que en el primer cuatrimestre de este año el consumo de electricidad se ha incrementado un 6 por ciento, producto de la recuperación industrial.
Claramente la ecuación energética muestra un cuello de botella en el que la recuperación industrial chocará contra la insuficiente provisión de energía. Vale recordar que gran parte de la electricidad en el país se produce también con gas, a partir del funcionamiento de usinas de generación termoeléctrica, por lo que no sería extraño que a los cortes de gas para los hornos y calderas y de las fábricas se sumen también las interrupciones del servicio eléctrico, como también ha ocurrido en otros inviernos no tan lejanos.
En ese contexto, el gobierno nacional sigue negando la posibilidad de una recomposición de tarifas para el gas, algo esencial para viabilizar las explotaciones de yacimientos no convencionales que, por lo visto, es la única vía para recuperar reservas en el país, agotada ya la extracción de hidrocarburos en zonas “dulces”.
Así, no es una novedad que la producción de los yacimientos siga cayendo en los primeros meses de este año, como seguramente seguirá reduciéndose en lo que resta del 2010 y podría hacerlo hasta 2020. Sin una política que incentive –o, por qué no, exija- un volumen de inversión exploratorio acorde a las ganancias obtenidas en el país por las compañías petroleras, las estadísticas no harán más que contar los “muertos”, por más que se pretenda tildar con slogans sensibles como “argentinización de los yacimientos” aquello que en la práctica no es más que una velada renuncia a cualquier pretensión de soberanía energética. |
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