Reservas de gas: de 25 a 8 años sin escalas
Si Argentina tenía en el año 1990 un horizonte de reservas de gas para 25 años, en la actualidad ese panorama se ha reducido a sólo 8 años. Según analistas de la industria hidrocarburífera, ésta es una de las consecuencias directas del desfase entre precios internos y la cotización del fluido en el mercado internacional, que por estos días continúa mostrando sus consecuencias con los cortes de suministro a sectores industriales. Las “enfermedades” del 90 y los “remedios” de la última década.
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En las últimas horas, el gobierno a través del ministro Julio de Vido ratificó su decisión política de no modificar el cuadro tarifario imperante, señalando que de esta manera se apuesta a promover el consumo y rechazando los argumentos de quienes expresan que con mayor precio se incentivará la producción.
En esa discusión está enfocado el dilema energético del país. Es que al decir que se apunta a promover el consumo, el funcionario nacional incurrió en una clara contradicción, ya que hizo esas declaraciones al justificar los motivos de los “cortes programados” a sectores industriales.
En definitiva, es difícil promover el consumo cuando en la práctica cotidiana el país tiene serios problemas para responder a los 130 millones de metros cúbicos de gas que necesita, en promedio, cada día.
Por otro lado, la promoción del consumo debería enfocarse con objetivos claros: el cuadro tarifario desfasado del mercado internacional deriva en ineficiencia energética, lo que a su vez implica un consumo mayor al estrictamente necesario. El país ya tuvo una cuestionable política energética en la década del 90, cuando promovió grandes volúmenes de exportación a precios internacionales sumamente bajos. Desde el 2002 en adelante el camino continuó siendo sinuoso y peligroso, con fuertes distorsiones en el mercado interno: los precios en el mundo son altos, pero en el país los productores de hidrocarburos reciben pagos alejados de aquellos indicadores, lo que redunda en menor producción por la madurez de los yacimientos y las dificultades para prever inversiones de mayor riesgo, con tarifas deprimidas.
No se trata de promover una liberación de precios que afecte a los sectores de menores recursos, a los que dice defender el gobierno: en un anterior informe de este mismo espacio se evidenció de qué manera hoy los subsidios para el gas natural benefician más a sectores de mayores recursos, mientras que quienes consumen gas en garrafas –en las zonas menos desarrolladas del país- son los que pagan precios más altos por el fluido envasado. Por otro lado, hay margen suficiente para un replanteo del mercado y las tarifas sin afectar a los sectores más vulnerables, si bien será inevitable que el gobierno pague costos de cara al cortoplacismo de los intereses políticos.
Sin precio adecuado no hay reservas

Según el analista Nino Barone, asesor de Pluspetrol que expuso en las jornadas del Congreso de Producción realizado en Salta por el Instituto Argentino del Petróleo y Gas, la producción de gas entre 1990 y 2008 creció en Argentina un 117,7 por ciento; sin embargo, en ese mismo período las reservas cayeron un 31 por ciento. En su explicación, el disertante detalló que la relación entre producción y reservas tuvo un déficit del 24 por ciento, ya que por una producción acumulada en el período de 755.000 millones de metros cúbicos, la reposición de reservas fue de 180.000 millones de metros cúbicos menos.
La mayor parte de ese déficit se produjo, de acuerdo con aquel análisis, desde el año 2002 en adelante, es decir que se trataría de una consecuencia directa de la pesificación y congelamiento de la tarifa del gas.
En el período, con excepción de las cuencas Austral y San Jorge, el resto sufrió grandes descensos de producción. En efecto, la cuenca San Jorge –que en 1990 producía sólo 2 por ciento del gas- hoy aporta el 11 por ciento de la producción gasífera (con unos 9 millones de metros cúbicos diarios, producidos principalmente por Pan American Energy) y la cuenca Austral pasó del 17 al 29 por ciento del total.
Particularmente, fue la cuenca Neuquina la que más contrajo su producción, al caer desde un aporte del 56 por ciento al 44 por ciento de los volúmenes gasíferos del país. Este es el motivo por el cual tanto el gobierno provincial como operadoras y trabajadores del sector reclaman la actualización de valores, a fin de promover un recupero de la actividad exploratoria y el recupero de la producción. Ello derivaría, según explica la lógica de mercado, en una consecuente reposición de reservas, ya que este concepto se encuentra inevitablemente ligado a los precios y cuando estos son adecuados el volumen existente en el subsuelo se convierte en un recurso pasible de ser extraído.

Liderazgos de dos provincias

Hoy Neuquén intenta recuperar liderazgo –que no ha perdido en cuestión gasífera, ya que sigue siendo el principal productor, si bien con menores volúmenes- a partir de la gran cantidad de proyectos para el desarrollo de yacimientos no convencionales de gas, para lo cual el Estado provincial está promoviendo nuevos marcos normativos, a fin de incorporar la mayor complejidad exigida por estos yacimientos. Para que esos proyectos se concreten será fundamental lo que ocurra con las definiciones de precios, ya que claramente representan mayores costos a la hora de extraer el recurso.
En lo que respecta a la producción de petróleo, Chubut ha desplazado del primer lugar a Neuquén, pero también en este mercado sigue pendiendo la espada de Damocles a partir del congelamiento de precios y la incidencia de las retenciones sobre la exportación.
Quizá el modo de encauzar liderazgo para la provincia que comparte la cuenca San Jorge con Santa Cruz pase por la maduración de una iniciativa que ha comenzado a evaluarse en algunos despachos oficiales: la posibilidad de reclamar a Nación que coparticipe lo recaudado en retenciones sobre petróleo.
El tema podría formar parte –implícita o explícitamente- de la agenda del encuentro de gobernadores que es promovido por Jorge Sapag para el próximo fin de semana, al que ha convocado a gobernadores patagónicos, a fin de acordar estrategias para el debate por la coparticipación federal de impuestos. Es que el tema hidrocarburífero es tangencial a aquel, ya que uno de los motivos de la baja participación en el reparto de recursos fiscales para las provincias sureñas es su mayor ingreso por efecto de las regalías hidrocarburíferas. En el tema, los gobernadores de la OFEPHI tienen mucho para cuestionar: es que las provincias han transferido miles de millones de dólares a la Nación, a partir de la percepción de ingresos sobre precios desfasados del mercado internacional, que mostró altos picos a lo largo de la primera década del siglo XXI.
Por otro lado, más allá de la estrategia de las provincias, sería esperable que Nación recupere protagonismo en materia energética: la adopción de decisiones es indispensable para revertir aquella caída que pone al país frente a una creciente dependencia de las importaciones de gas, que debe pagar, paradójicamente, a los más altos precios internacionales que se niega a reconocer a la producción propia del país.
   
 
 
 
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