Un fideicomiso que sacude el tablero político
Una operación financiera ya tiene efectos concretos sobre el escenario político: aún con palabras que endulzan, el oficialismo admite que el fideicomiso sigue a mitad de camino. Hay una inquietud que crece y se alimenta de los datos finales que no aparecen.
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Como hace tantísimo tiempo no pasaba, un episodio económico tiene influencia decisiva sobre los episodios políticos en Chubut. No otra cosa es lo que sucede ahora mismo con los conos de sombra que se proyectan sobre el fideicomiso. Quienes lo conocen y siguen de cerca saben que no son las mejores horas para molestar con cualquier pregunta al gobernador Mario Das Neves. La trampa es doble: a la incógnita de precandidatos que alimentó y que ahora debe resolver por su sucesión –más temprano que tarde-, el lanzamiento del bono sumó un final de nombre impredecible. La explicación pública y la gira por EEUU parecieron presentar un producto financiero sólido. Lo más probable es que lo sea, pero en Fontana 50 están convencidos de que al financiamiento externo le pusieron trabas sus peores enemigos internos, que tienen nombre y apellido: el subsecretario de Pesca de la Nación, Norberto Yauhar, y el titular del Correo Argentino, Néstor Di Pierro. No son muchos los funcionarios como ellos dos, con agenda de teléfonos vinculados a los negocios, y a los petroleros en particular.
Una vez que el gobierno se resignó a perder la chequera K, nunca fue fácil para una provincia periférica la aventura de conseguir plata fresca de otros chanchitos. La misma idea del bono nació torcida: primero lo alimentarían las AFJP, que dos semanas después desaparecieron a manos del Estado; luego el fondeo vendría de la ANSES, que entonces comandaba Amado Boudou. Mala suerte: aquellas carpetas se disolvieron en salas de espera, al ritmo de las críticas dasnevistas para con la Casa Rosada. Por fin llegó el asesoramiento de financistas extranjeros, ávidos de billetes escasos en tiempos de crisis griega.

El ministro Víctor Cisterna está bien rodeado y supo timonear un Chubut escaso de plata. El fideicomiso –al decir de quienes realmente saben- está razonablemente estructurado. Parece ventajoso y seguro porque lo respalda un recurso tangible. Pero siempre le faltó una firma nacional, una coma, un sello, un “recibido” del Banco Central. Es probable que demasiada dirigencia chubutense no tenga la gimnasia ni los contactos necesarios para apurar estos trámites, bastante más complejos que las operaciones provinciales de todos los días, y muchísimo menos con los efectos de una precandidatura lanzada para ganarle a Néstor Kirchner en las primarias de 2011. Aún así, los funcionarios se lanzaron al mundo financiero internacional para ofrecerlo. Un mundo repleto de ofertas peores, similares y mejores a la propuesta chubutense, con inversores que se cansan de reunirse con dirigencia de todo el mundo. En esto no hay que engañarse.
No hubo demasiada más información, apenas los previsibles “excelentes resultados” de la data oficial. Raramente y mientras los plazos de la operación expiraban, Das Neves eligió la prudencia ante la ansiedad de la prensa acreditada. Pero como es costumbre, bastó una salida radial de Yauhar calificando de “fracaso” al bono, para desequilibrar toda cautela de Fontana 50. Hay síntomas transparentes de que la cosa no tiene una marcha regular: la furia del gobernador contra “funcionarios nacionales que operan contra le bienestar de la gente” y, enigmáticamente, contra medios que no identificó pero que “mantienen un silencio cómplice”. Pero hay un rasgo todavía más blanco sobre negro: el día que Cisterna perdió toda templanza y acusó a Nación de trabar el bono, a los empresarios de no comprarlo, y hasta admitió entre líneas que retirarse del mercado no hubiese sido ninguna locura si no fuese porque siempre es preferible huir hacia delante y “no somos conservadores”.

La mancha de aceite llegó a los concejos deliberantes. Los intendentes deseosos de un gesto de adhesión para con su jefe político ordenaron a su tropa de ediles invertir en el fideicomiso del distrito que los contiene, toda una paradoja económica propia de esta provincia, que no tiene abundancia de analistas financieros objetivos. En Trelew y Comodoro Rivadavia la cosa no fue fácil: los recintos polemizaron duro, tanto como que ambos tienen oficialismos divididos. Es que un tema espinoso les vino inesperadamente como anillo al dedo para cuestionar las cuentas provinciales, la propia explicación del fideicomiso les dio ese punto de partida sin mayor esfuerzo. Ante un debate que es casi exclusivamente económico, se notó que a los ediles oficialistas estuvieron flojitos de papeles; a sus opositores, claro, tradicionalmente les basta con los gritos y las ironías. Al menos en el Valle, la sesión fue un rosario de vergonzosas agresiones personales, otra más. Un día habrá que analizar seriamente si una banca de concejal debe funcionar como premio a la militancia transpirada, leal pero analfabeta legislativamente. Como sea, hay una paradoja instalada: la sensación de que todos los organismos estatales son superavitarios pero a la vez la caja provincial tiene un equilibrio delicado y que hace falta ya oxígeno en cash. El caso SEROS es de manual: estamos bien pero no tiren de la soga.
Lo de los intendentes no es puro don de gentes: César Gustavo Mac Karthy y Martín Buzzi tienen genuino interés en que el fideicomiso tenga final feliz. Si son gobernadores ese dinero les garantizará empezar con el pie derecho una hipotética gestión e inaugurar varias obras pequeñas y un par de megaestructuras que son viejos sueños provinciales, como el dique La Elena. O sea sostener buena imagen y ganar tiempo para plantar su propia cosecha de 2012. Como no parece que de aquí a un año vaya a firmarse un armisticio con el kirchnerismo y la actividad económica será más bien de meseta, es dable sospechar que sin fondeo alternativo el presupuesto que viene vendrá con cinturón incluido, como viene sucediendo. Pero con bonos exitosos el margen de gobernabilidad se amplia y hasta habilita un segundo tramo de 150 millones de dólares del que ya nadie habla.

Cisterna se quejó porque ANSES, aseguradoras y bancos en condiciones de invertir no lo hicieron por aprietes de Nación, y hasta Das Neves deslizó que le pidió al mismísimo Sebastián Eskenazy que YPF compre de bonos. Alternativamente, no se puede soslayar los argumentos de un Cristóbal López para no meterse en el fideicomiso: lo definió como una operación puramente especulativa, vinculada a la renta financiera, y a cambio contrapuso su deseo de invertir para generar empleo en Chubut. Dado el tamaño de los negocios de este empresario cabe preguntarse cuántos piensan silenciosamente como él, que poca buena propaganda le hizo al fideicomiso al romper su hermetismo de fantasma. ¿También será un “irresponsable que atenta contra la provincia”? ¿Sabe algo que en el llano no sabemos? Es una lectura que no se le ocurrió ni siquiera a la Unión Cívica Radical, que gusta definir todo como “negocio”. En la misma línea, no hay certezas acerca de la aceptación concreta del bono en el exterior. ¿Algún chubutense tiene la mano tan poderosa como para influir sobre los inversores de otros países?
El oficialismo tiene una inquietud de pasillos que hace mucho no mostraba en su paso firme a las elecciones. Un bono presentado con bombos y platillos en el Salón de los Constituyentes como la “independencia económica” que pide la doctrina peronista, sigue en la incertidumbre. No otro análisis merece la tardanza para dar a conocer sus resultados. Mac Karthy, Buzzi y Máximo Pérez Catán ya aceptaron –tácitamente o no- que la develación de la fórmula se postergará bastante más de lo previsto porque primero lo primero. Es la economía, estúpido.
   
 
 
 
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