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| Hidrocarburos: el efecto mariposa |
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| La teoría del caos sostiene que el aleteo de una mariposa en un lugar puede provocar un tornado en el otro lado del mundo. Si el tema se vincula a los intentos de un meteorólogo por crear un modelo de predicciones ambientales en la década del 60, una aplicación más generalizada está en el campo de la discusión filosófica y los modos en que cada pequeña y cotidiana decisión puede afectar y cambiar la derivación de eventos futuros. Si pequeños cambios pudieran provocar grandes efectos, qué podría esperarse de grandes catástrofes ambientales como la ocurrida en el golfo de México, a consecuencia del hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon, contratada por British Petroleum, propietaria del 60 por ciento de acciones de Pan American Energy. En un mundo global es imposible sustraerse a los efectos multiplicados por una gran variedad de factores. La clave, en todo caso, debería buscarse en las condiciones de seguridad jurídica que el país no ha logrado crear aún, a fin de evitar vulnerabilidades que se evidencian ante cada contingencia internacional. |
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Más de dos meses después de la explosión de la plataforma petrolera, que dio origen a una de los peores desastres de la historia de la industria hidrocarburífera, las posibles derivaciones de aquel accidente proyectan diversas especulaciones sobre la cuenca del golfo San Jorge.
En efecto, a las versiones sobre un riesgo de quiebra de BP –que circularon semanas atrás- se sumaron los rumores sobre una posible venta del 60 por ciento de las acciones de Pan American Energy, que controla la operadora británica.
Fue el propio vicepresidente de Asuntos Públicos de PAE, Mario Calafell Loza, quien salió a poner paños fríos a la escalada de preocupaciones desatada en torno a aquellos comentarios: sin descartar –ni tampoco confirmar- la posibilidad de un cambio en la composición accionaria, el ejecutivo puso el énfasis en el componente local de la gestión de la compañía, para garantizar que el comportamiento no será modificado más allá de los vaivenes financieros de uno de los socios actuales.
En otras palabras, el mensaje del directivo apuntó a clarificar que PAE seguirá operando el yacimiento más productivo del país –que entrega 16.000 metros cúbicos de petróleo por día- del mismo modo que hasta el presente, lo que ha llevado a asegurar el principal stock de reservas petroleras y una creciente participación de contratistas locales y de la región. Así se recalcó incluso durante la reciente presentación de los resultados del programa “Pymes del golfo San Jorge”, cuando se mostró la evolución del crecimiento de la facturación de empresas de la zona, al pasar de 92 a 155 millones de dólares, entre los años 2004 y 2009, respectivamente.
Es necesario recordar en ese punto que la referencia local está dada en torno al 20 por ciento que aún controla en la operadora la compañía Bridas, propiedad de los empresarios argentinos Alejandro y Carlos Bulgheroni, quienes recientemente vendieron un 20 por ciento a la empresa china CNOOC (China National Oil Offshore Corporation).
Vale reconocer que el activo mencionado por el directivo, es decir el “componente local”, es reconocido por muchas empresas de la región, en función de la participación que han tenido al insertarse con mayor protagonismo en una cadena de valor que –si bien todavía con aspectos que deben subsanarse- contribuye claramente a mantener el dinamismo de la economía regional.
Una vez más queda clara la fuerte dependencia que mantiene la región con la actividad petrolera y en especial con una operadora que tiene sus principales activos en la provincia de Chubut. Desde esa perspectiva, los compromisos asumidos en el contrato de concesión –que prorrogó la misma por 10 años y dio opción a otros 20, a partir de 2027- se enmarcan en una constante situación de inseguridad jurídica que ha caracterizado al país, lo cual es un factor preponderante a la hora de considerar cuáles son los compromisos que pueden establecerse en cualquier vínculo contractual.
Muchos de los objetivos de producción asumidos se ven hoy amenazados por factores propios del país –tales como los precios internos del petróleo y las retenciones sobre exportación- antes que por cambios societarios de magnitud.
Ello es un factor de análisis fundamental a la hora de proyectar elementos de planificación regional, a fin de establecer marcos normativos que permitan solidificar aquellos modos de gestión que proyecten una articulación entre la extracción de un recurso no renovable y las oportunidades de desarrollo para la región en la que está inserta aquella actividad. Tales marcos deberían evitar que un elemento tan importante para la región dependa de la presencia o no de socios locales.
Es decir: sería oportuno observar trabajos legislativos –en la provincia de Chubut- tendientes a establecer condiciones que permitan una mayor previsibilidad, que posibiliten una instancia institucional abarcativa de una operación que asegure la continuidad en el tiempo de un modo sustentable, más allá de los cambios –financieros, corporativos y de hegemonías- que resultan inevitables en el mundo actual.
Un mundo, vale recordar, en el que la energía sigue siendo uno de los principales insumos críticos, a partir del crecimiento de países como India y China. Según datos brindados por el analista internacional Jorge Castro en un reciente congreso petrolero, se estima que hacia el año 2030 la demanda de petróleo crecerá un 40 por ciento, ya que su consumo se elevará de 12.000 a 16.000 millones de toneladas anuales.
En ese contexto, la limitada producción petrolera del golfo San Jorge sigue siendo una pequeña gota en el mar del petróleo internacional. Casi –podría decirse- el equivalente al aleteo de una mariposa, desde esta remota región del mundo. |
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