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| DE LA COLONIA: PRODUCTOS REGIONALES ARTESANALES |
| El comienzo de una tradición |
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| Que las crisis son oportunidades para crecer parece una frase trillada. Pero que la familia Maida ha dado muestra de ello, es una realidad que está a la vista. Tentando el paladar de los comodorenses, apostaron a un emprendimiento que este mes cumplió dieciséis años en la ciudad. Chocolates “De La Colonia” surgió en los ´90, en un contexto nacional y regional difícil, momento en que las grandes empresas del estado eran privatizadas. |
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En esos años mucha gente tuvo que decidir un nuevo destino laboral. “Con mi familia y mis tres hijos viajábamos seguido a Bariloche –lugar que tiene una fuerte impronta chololatera- y las chicas siempre fantaseaban con la posibilidad de tener una fábrica de chocolates propia”. Era una idea que estuvo latente durante mucho tiempo y afloró años después cuando a Néstor Maida le toco decidir sobre su propio destino laboral. Con 50 años de edad, pensar en encontrar un nuevo empleo en la industria del petróleo era un riesgo que prefirió no correr. Si, en cambio, la familia decidió apostar al dormido sueño de la chocolatería propia.
“Mi hija menor estudiaba en Buenos Aires una carrera universitaria y en forma paralela decidió tomar clases de repostería y elaboración artesanal de chocolate. Realizó una práctica en la empresa chocolatera Aguila - y luego de darnos a probar sus especialidades - nos entusiasmó para iniciar un proyecto familiar en esta ciudad”, recordó Maida quien por entonces pensó que el gusto de su hija por la repostería solo se trataba de un sabroso pasatiempo.
El primero local
Maipú Nº 1061 fue el lugar donde en 1993 se montaron las primeas máquinas de lo que ellos mismos llamaron “proyecto piloto”, y que finalmente resulto exitoso. “Fue incipiente y artesanal, pero desde el comienzo decidimos hacerlo lo más completo posible. Pensamos en el nombre, un logo para identificarlo y realizamos las habilitaciones correspondientes. No queríamos ofrecer un chocolate “de entre casa”. Por más pequeño que fuera el emprendimiento, queríamos presentarlo lo más completo posible”, dijo.
“No queríamos poner una chocolatería”, aclaró Maida mientras contó cómo fue que eligieron el nombre que los identificaría. “Queríamos jugar con la identidad de la región. Investigamos y nos dimos cuenta de que desde los orígenes esta región se hizo con Colonos (italianos, poturgueses, españoles); gente que vino a buscar un porvenir, a trabajar. Entonces decidimos que llamándolo `De La Colonia´ y dejarlo abierto al criterio, interpretación y legitimación de cada persona decidiera otorgarle”.
Los coletazos de las políticas nacionales de los ´90 y las consecuencias de las privatizaciones de grandes empresas nacionales, también le tocó de cerca a la cuñada de Maida, quien en ese momento ocupaba un puesto de jerarquía en telefónica del estado, Entel. “Entonces decidimos juntar nuestras carencias y redoblamos la apuesta haciendo algo importante, elaboramos un proyecto para montar nuestra propia fábrica de chocolate en un terreno que adquirimos sobre calle Sarmiento 318”.
El local fue inaugurado en octubre de 1995 con la primera etapa del proyecto en funcionamiento: un sector de elaboración de alfajores, otro de chocolates y la zona de venta al público. A poco de inaugurar el nuevo local, la familia cayó en la cuenta de que aquello que había comenzado siendo un proyecto piloto, se estaba transformando en una forma de vida. Tenía potencial. “La gente había recibido muy bien nuestros productos, además notábamos que si le dábamos más promoción, más espacio, elaborábamos más cantidad de chocolate y en forma paralela incorporábamos nuevos productos, iba a seguir creciendo”, dijo con entusiasmo Maida.
Así fue como en poco tiempo, a los tradicionales chocolates, se incorporaron alfajores, torta negra de elaboración propia, dulces y desde hace dos años turrones navideños.
Paulatinamente más integrantes se fueron sumando, la hija mayor y desde hace dos meses el varón de la familia se estrena en el negocio chocolatero.
Prueba y error
Con 16 años de trayectoria al frente de La Colonia, Néstor deja traslucir sus ganas de, poco a poco, retirarse de la conducción del negocio y dejar actuar a sus herederos. “Las cosas se están dando de manera que esto siga funcionando. Lo más importante es que cada uno fue asumiendo el rol que se ajustaba a la fortaleza de cada uno. Mi cuñada es muy buena repostera, mi hija menor es una ejecutiva en elaboración de chocolate y la mayor aporta una visión más estética del emprendimiento- que le fue dada por la profesión de Diseñadora de Interiores-, dijo.
Respecto a las características de los productos que comercializa, Maida explicó que “los cursos de elaboración artesanal de chocolates enseñan la técnica y la manera de elaborar el producto. Pero luego, cada uno debe buscar el toque distintivo. Las mujeres de mi familia tienen mucha inventiva y lo que no saben lo inventan –sonríe- creo que eso hace la diferencia. Es prueba y error”, dijo Maida, integrante de una familia sin tradición repostera pero con fuerte convicción de que la tradición “comenzó con esta generación”. |
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