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Campo: cómo impactaría la importación
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| La mera posibilidad de que a partir del 2010 Argentina deje de ser el ícono mundial de la carne, causó consternación en los sectores rurales del país y de la región patagónica también. Es que la caída en la producción de cortes vacunos, como resultado de diversas políticas que han erosionado al sector en los últimos años, reduciría drásticamente la oferta en el año 2010 y podría llevar al extremo de que Argentina deba importar carne en 2011 ó 2012. El impacto también se sentirá en Chubut, en donde –pese a que el fuerte de producción es el ganado ovino- ya se anticipa una reducción en el consumo de carnes. |
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Para Juan Goya, Presidente de la Federación de Sociedades Rurales de Chubut, si el país empieza a importar carne los precios serán sensiblemente más altos que los actuales y por lo tanto –asegura- es probable que el consumo se reduzca.
“El problema es la disminución en la producción –dice-. En una primera etapa, debido a los altos precios de los cereales, la producción bovina se corrió a zonas más marginales y por lo tanto se redujo la productividad del rodeo. A partir del 2005 el problema principal fueron los controles de precios y los aprietes de la Secretaría de Comercio a cargo de Guillermo Moreno a consignatarios, frigoríficos, supermercados y carnicerías”.
A modo de ejemplo, Goya cita el caso de Uruguay y Paraguay que en el año 2008 exportaron más carne que Argentina. De esta manera –explica- de ser el tercer exportador mundial pasamos en dos años a ser el octavo. Hoy lo que está sucediendo es que se están faenando un número de hembras mucho mayor que las que deberían ir a reposición de vientres. Por supuesto a esto se suma una gran sequía en buena parte de las regiones productivas, que ha causado una importante mortandad. En el 2009 se destetarán alrededor de 3.000.000 de terneros menos que la media nacional”, adelantó.
Zonas diferenciadas
El ruralista explicó cómo está dividida actualmente la producción bovina en Argentina. Se encuentra la Zona Libre de Fiebre Aftosa sin vacunación que está integrada por las provincias de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Río Negro (al sur del río Negro y al oeste de la ruta que une El Solito con Valle Azul) y Neuquén con excepción de los departamentos Capital y Confluencia .
Por otro lado, se encuentra la Zona Libre de Fiebre Aftosa con vacunación que corresponde al resto del país. Según Goya, más del 97 % de la producción y comercialización bovina del país se realiza en esta última zona. Sin embargo, la producción de carne patagónica no deja de ser importante porque al ser libre de aftosa sin vacunación “una vez habilitado algún frigorífico para exportación, se podría acceder a los mercados más exigentes y a su vez los que pagan mejores precios. Esto produciría sin duda un gran salto en la producción regional. El consumo no se vería afectado ya que actualmente la mayor parte del mismo es de carnes deshuesadas que provienen del norte de la barrera sanitaria”, detalló.
El precio de la carne
La crisis de la ganadería es un problema netamente argentino. La cuota Hilton (cortes de mayor valor con destino a la Unión Europea) que a fin del 2008 bajaron a alrededor de U$S 12.000.- / Tn. se están comercializando actualmente a U$S 16.000. El precio máximo del 2008 fue de U$S 20.000, valores a los que nunca se había llegado anteriormente “Esto significa que nos estamos perdiendo muy buenos precios internacionales –explica el dirigente-, por el cierre de las exportaciones. Si bien desde Patagonia no sale Hilton, porque es un novillo especial de 480 kilos que aquí no se produce por cuestiones naturales, esta referencia es importante, porque tracciona todos los demás precios. En la actualidad el precio no sube para el productor porque estando restringida la exportación hay sobreoferta de carne, el consumo no crece de manera de igualar la oferta y entonces la cadena castiga al precio base (productor) y sostiene el precio mostrador”.
Hoy el precio que recibe el productor es de entre 3,50 y 3,70 pesos por kilo vivo. Cuando el frigorífico faena, obtiene un rendimiento de entre 54 y 56 por ciento. Por ejemplo, si compró un ternero de destete de 180 kilos vivos, al faenar le quedan entre 95 y 97 kilos. “Por eso –añade Goya- el precio se duplica en esa fase, a unos 7 pesos por kilo. Luego sigue el resto de la cadena, sin contar los recuperos que son cuero, vísceras comestibles, etc que han bajado mucho su precio. Cualquiera que entra a una carnicería se dará cuenta de que los precios superan ampliamente estos valores de referencia. La cadena de comercialización debe explicar por qué si compran a 3,50 pesos el kilo, la carne vale más de 20 pesos en mostrador”.
La noticia no sería tan penosa si nuestro país no hubiera sido durante muchos años uno de los principales exportadores de cereales y carnes, principalmente a partir del año 1900. En ese momento, los frigoríficos comenzaron a exportar hacia Gran Bretaña carne vacuna congelada o enlatada. El sector industrial alcanzó una dimensión significativa y ocupó a mucha mano de obra.
Estampas de otra época, sin duda. Según el Consorcio de Exportadores de carnes Argentinas, actualmente el consumo de carne por habitante al año es de 70 kilos y se espera que baje a lo que siempre se consideró normal, es decir 60 ó 58 kilos per cápita.
En tanto, según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), en el 2008 el país produjo 3,2 millones de toneladas de carne, levemente por debajo de los 3,22 millones del año previo.
Sin duda, la merma en la producción vacuna es un problema altamente sensible para los argentinos, que son los mayores consumidores de carne a nivel mundial.
Pero el sector cárnico dice que la mayor prueba de la crisis que vive el sector es la elevada faena de hembras -una tendencia conocida como liquidación de vientres-, que muestra que muchos productores están abandonando el negocio, al vender a los animales encargados de la reproducción. Según CICCRA, en el primer trimestre del 2009 la participación de hembras en la faena total fue del 48,5 por ciento, la segunda cifra más elevada desde 1990, cuando comenzó a elaborar el índice.
Por otra parte, desde CRA se ha advertido que la liquidación de hembras y menor reposición de terneros es consecuencia de las intervenciones del gobierno, “que derivó en una menor producción de carne, pérdida de divisas por menores exportaciones y por el mayor desembolso para engordar novillos livianos” (ver Patagonia Agropecuaria número 59).
UNA CADENA DESEQUILIBRADA
“El pequeño y mediano productor están actualmente trabajando a pérdida”. La frase no es sólo un rótulo, sino el más fiel reflejo de la situación actual. Así lo explica Juan Goya para graficar el desbalance que sufre la cadena de comercialización de la carne bovina y menciona el siguiente ejemplo: “A un productor con 150 vientres (que no son muchos en la provincia), que desteta el 90% (muy eficiente) y que repone anualmente el 20% de los vientres, le quedan para vender 105 terneros”. Al evaluar los costos, resulta que el empleado le cuesta 62 terneros, es decir que le restan 43 terneros para reponer toros, reparar alambres, pagar impuestos, productos veterinarios, vacunaciones obligatorias, guías, Senasa, etc. y además procurar su propio sustento. “Se puede deducir a simple vista que la producción con estos parámetros es inviable”, enfatiza Goya.
En este sentido, la renta que debería recibir el productor se está repartiendo en el resto de la cadena, frigoríficos, carnicerías y supermercados, “además del socio mayoritario que es el Estado que se lleva una parte importante a través de diferentes impuestos (ganancias, bienes personales, ingresos brutos, inmobiliario, impuesto al cheque, introducción, guías, certificados, sanitarios, etc.)”.
UNA MEJOR DISTRIBUCION
Citando los casos puntuales de la provincia de Santa Cruz y la localidad de Sarmiento, donde existen proyectos concretos para establecer consorcios y así exportar carne vacuna, desde la Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia se adhiere a la iniciativa porque “no vemos otra manera de que el productor tenga mayor participación en el circuito de comercialización de la carne”, según expresa su vicepresidente, Leonardo Tedesco. En este sentido, se aspira a que el productor pueda tener una mejora en el precio actual y no invadir espacios de la cadena que no nos son propios. “Nosotros no somos generadores del valor, somos tomadores”, aclara.
Fuente: Revista “Patagonia Agropecuaria”, Sociedad Rural de Comodoro Rivadavia |
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