¿Habrá un bloque sindical petrolero en la cuenca del Golfo?
El anuncio formulado por el Sindicato Petrolero de Santa Cruz, como corolario del conflicto recientemente concluido, respecto de desafiliarse de la Federación sindical nacional para actuar en forma autónoma llevó a plantear las miradas sobre una posible alianza con su par de Chubut, escindido un año atrás de aquella entidad, para actuar en bloque. El interrogante respecto de si ambos sindicatos comenzarían a actuar en forma conjunta en una cuenca compartida por las dos provincias aparece como una primera consecuencia y es motivo de análisis en diversos ámbitos. Sin embargo, los hechos ocurridos en los últimos años muestran más diferencias que similitudes.
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“El bloque petrolero patagónico ya se intentó formar hace unos años y fracasó”, reflexionó un dirigente gremial chubutense, para dar una tajante respuesta en torno a las especulaciones producidas tras el anuncio de Santa Cruz. Vale hacer un breve racconto de los hechos que derivaron en aquel primer intento.
En el año 2005, el sindicato Chubut impulsó un paro de 19 días, que derivó en la toma de la planta de Termap de Caleta Córdova, tras lo cual obtuvo reivindicaciones importantes, como la incorporación de la provincia al coeficiente zonal 1, lo que representó una importante mejora salarial. En aquel conflicto también el sindicato de esta provincia denunció haber sido “traicionado” por la Federación, porque no acompañó la medida e incluso se llegó a hablar de la intervención del gremio. “Ya estaba designado el nombre del reemplazante del secretario general”, recordó una fuente del sector.
Tras aquellos hechos, Chubut se alió con sus pares de Neuquén-Río Negro y Santa Cruz para avanzar en dos objetivos principales: la modificación del impuesto a las Ganancias sobre los sueldos y, tras esa primera meta, “ir por la cabeza de la Federación”.

Los reclamos contra la “tablita de Machinea” llevaron un tiempo de gestiones y protestas, hasta obtener una importante mejora: fue cuando se logró la exención del impuesto para no afectar determinados adicionales de convenio, de manera que la aplicación del impuesto regía sólo sobre el básico, lo que implicó en la práctica una mejora importante para achicar los descuentos que sufrían los sueldos de los trabajadores.
Tras ese primer objetivo, los sindicatos pretendieron avanzar con una mayor presencia de los gremios patagónicos en la Federación sindical. Fue en ese momento cuando, según se recuerda en la zona norte de la cuenca San Jorge, el sindicato de Santa Cruz decidió no seguir avanzando.
Aquellos hechos concluyeron con la decisión de Neuquén de independizarse de la Federación. Un año más tarde, en 2008, e sindicato Chubut siguió los mismos pasos, ratificando en una asamblea la renuncia a seguir perteneciendo a aquella entidad nacional.
En la práctica, la postura autonomista representa no sólo la posibilidad de encabezar las negociaciones de convenio con independencia ante las operadoras, sino también el manejo de los recursos económicos generados por la cuota sindical y el aporte de obras sociales. Esto permite estimar una caja mensual de alrededor de 2,5 millones de pesos, o 30 millones al año, a partir también del gran crecimiento de afiliados (en 2003 no llegaba a 2000 y en la actualidad supera los 9.000).
Hoy Santa Cruz adoptará un camino similar, pero las posibilidades de reflotar alianzas no aparecen en la perspectiva de dirigentes de Chubut, que al parecer no olvidan aquella actitud cuando el “bloque” intentó avanzar para tomar las riendas de la Federación.

Por otro lado, hay fuertes cuestionamientos al manejo del gremio conducido por Hugo Segovia en el reciente conflicto. Según han afirmado quienes participaron de la primera negociación paritaria, que derivó en la resolución ministerial que fijó el 20 por ciento de aumento, más los incrementos en los adicionales por zona (con el fin de no elevar el haber mensual hacia las categorías más altas y por ello alcanzadas por el impuesto a las Ganancias), “Santa Cruz terminó por aceptar lo mismo que había rechazado en un primer momento”.
La prolongación del conflicto se debió a que, tras aceptar el acuerdo inicial, la discusión se centró en el reconocimiento de los días caídos. Sin embargo, se observó, si el gremio hubiera acatado en un primer momento la conciliación obligatoria, ésta conlleva en sí mismo el reconocimiento de los días no trabajados, ya que su aplicación retrotrae la situación a un día anterior al inicio del conflicto.
Desde ese punto de vista, las críticas además se centraron en el acta acuerdo firmada en el Ministerio de Trabajo de la Nación, por la que el gremio aceptó no volver a percibir el cobro de días paralizados por medidas de acción directa. “Es un mal precedente para todos los sindicatos de la región”, dijo un dirigente local. “Es el resultado más racional para toda esta sarta de irracionalidad”, dijo por su parte una fuente empresaria. La duda planteada, de todos modos, es si el gremio respetará en una hipotética nueva disputa lo que ha firmado para terminar un conflicto que, al parecer, terminó fuera de todo cauce.
   
 
 
 
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