Las ballenas arriban a las aguas que rodean Península Valdes, principalmente a las corrientes marinas de Caleta Valdés y de los golfos San José y Nuevo, entre marzo y mayo y alcanzan su número máximo durante septiembre y octubre. Hacia fines de diciembre casi todas emprendieron la migración a las áreas de alimentación.
Su protección motivó que en 1984 fueran declaradas Monumento Natural por el gobierno nacional.
Las ballenas francas se exhiben permanentemente. A diferencia de otras ballenas, esta especie pasa mucho tiempo en superficie mostrando su cola, aletas, más frecuentemente su espalda y hasta son capaces de deslumbrar al observador dando saltos que ponen casi todo su cuerpo fuera del agua.
En general, las ballenas francas australes alcanzan de 30 a 40 toneladas de peso. Las hembras adultas miden un promedio de 13 metros, aunque se han divisado ejemplares de 16. Los machos llegan a medir hasta 12 metros.
Poseen dos características que las distingue de las demás especies de mayor porte. Una es su manera de exhalar el aire en forma de "V", alzando columnas de aire condensado de hasta 4 metros de altura. Expiran de este modo por dos orificios respiratorios externos o espiráculos, que se ubican en la parte superior y posterior de la cabeza, y que se cierran herméticamente al sumergirse, para evitar el ingreso de agua a las vías respiratorias.
Su segundo rasgo distintivo tiene que ver con la formación de callosidades, que son áreas de piel elevadas de 5 cm de grosor aproximadamente, de consistencia córnea, situadas en distintas partes de la cabeza. La distribución, dimensión y forma de los callos varían de una ballena a otra pero no cambian con el crecimiento. Funcionando como nuestras huellas dactilares, identifican a cada animal durante toda la vida. Además de estas callosidades, las ballenas presentan una piel lisa, elástica y de color negro que a veces está moteada de pardo y gris, con manchas dorsales y ventrales blancas de distinta forma y tamaño. La epidermis, más clara en las crías o ballenatos, recubre una gruesa capa de grasa, de 14 a 36 centímetros de espesor, que funciona como protección para las bajas temperaturas de los mares australes.
Curiosas y mansas, las ballenas francas nadan lentamente por las frías aguas, con una velocidad máxima de 9 a 11 kilómetros por hora, dando saltos y golpes en el agua con las aletas y la cola que ya es un símbolo distintivo del colosal atractivo que Chubut ofrece entre invierno y primavera a turistas del mundo entero.
Ritual
Ninguno de los comportamientos de estas grandiosas ballenas pasa desapercibido, pero el apareamiento constituye un fenómeno excepcional. Es una suerte de ritual, en el que intervienen una hembra y hasta siete machos. Ella se rehúsa a ser copulada, colocándose vientre arriba. Entonces, dos o más machos tratan de darla vuelta con sus cuerpos, para que uno del grupo pueda lograr la cópula. El éxito se logra también cuando la hembra debe darse vuelta para poder respirar, momento que los machos esperan a su alrededor. En el cortejo, que puede durar desde pocos minutos hasta varias horas, es factible que todos los machos logren su cometido.
La gestación dura 12 meses y, por el mismo tiempo, la hembra amamanta a su ballenato, que en el momento de nacer mide 5,5 metros. Cuando llegan a su madurez sexual, a los 5 ó 6 años de edad, las hembras con capacidad de reproducción regresan cada tres años al área de Península de Valdés, en busca de aguas seguras y tranquilas, para parir una sola cría. En cambio, los machos vuelven todos los años a la zona, encontrándose en los meses de octubre y noviembre la mayor concentración: de 350 a 400 ballenas. Esto hace que Península de Valdés sea el área de cría más importante del hemisferio sur.
Al terminar la temporada de cría, las ballenas comienzan su migración anual en busca de comida. Sin embargo, sus recorridos hasta hoy se desconocen. Algunos investigadores suponen que se acercan a las Islas Georgias, persiguiendo los bancos de krill, pero otros científicos aseguran que se dirigen a mar abierto, entre el continente africano y el sudamericano.
Con el objetivo de no alterar a las ballenas durante la época de cría y reproducción, las autoridades de Chubut sólo permiten la navegación en el Golfo Nuevo y únicamente a empresas turísticas habilitadas, que también deben contar con autorización de la Prefectura Naval Argentina. Las embarcaciones parten de Puerto Pirámides, acercándose lo suficiente para realizar un buen avistaje sin provocar disturbios.
Cómo llegar
Por la Ruta nacional Nº 3 hasta el cruce con la Ruta provincial Nº 2, que conduce en forma directa a Puerto Pirámides. En la ruta al ingresar a la península pueden encontrarse animales sueltos, como guanacos, maras, choiques, ovejas, entre otros. Conduzca con precaución. |